No hay silencio
aunque con balas
quieran destruir al hombre,
las ideas y su nombre.
Seguirás, por siempre estarás,
más allá de la montaña,
de la frontera y la pampa,
entre el pueblo de Atahualpa
con tupamaros y sueres,
hasta encontrar el mañana.
¡El sueño de los valientes,
del guerrero imprescindible!
no hacen falta piernas,
siempre habrá una y otra
y otra y otra que camine
tras las huellas insurgentes,
brazos sobrarán
y fusiles que contesten,
fuego amigo
valor de combatiente
que clamará por siempre,
no rencor, tampoco venganza,
sólo cobrará la muerte
para sembrar la vida
que brilla el mañana
y en el césped jueguen
los niños libres y alegres.
No hay silencio,
la voz se escucha
desde el Catatumbo ardiente
hasta más allá del Tibes,
es como ola que va y viene,
levantando pueblos,
hiriendo al imperio de muerte.