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Las conversaciones de paz en La Habana avanzan y se han concretado acuerdos importantes que permitirían atacar las causas de la confrontación de más de medio siglo que padece Colombia y se han expuesto visiones que serán útiles para los desarrollos futuros en favor de la reconciliación. Pero en lenguaje sencillo y coloquial, podemos decir que hemos avanzado como nunca, pero aún hay mucha tela por cortar, comenzando por recordar, que tanto hay temas cruciales en los puntos 5 y 3 que se están discutiendo, como los hay en el conjunto de las 28 salvedades que permanecen en el congelador, esperando el momento para que se vuelva por ellos. Seguramente, si se quiere acelerar la marcha, ya va siendo hora de hacerlo.

Colombia demanda un análisis a fondo sobre lo que está ocurriendo con el desacreditado sistema judicial, vergüenza de la nación. Necesita urgentes cambios institucionales que no podrán venir sino de una Asamblea Nacional Constituyente. El país no merece tener un presidente de la Corte Constitucional como el señor Pretelt, corrupto magistrado que refleja la degradación de la institucionalidad colombiana, de un sistema que se autodenomina Estado de Derecho, cuando está plagado de corrupción, sobornos enmermelados, a favor de intereses privados, mafiosos y violentos.
Desde las FARC-EP siempre hemos saludado las distintas  iniciativas de incorporar  diversas fuerzas que contribuyan a facilitar caminos para encontrar las claves de la paz con justicia social y la reconciliación de los colombianos. Por eso,inicialmente vimos con expectativa  el anuncio gubernamental de crear una Comisión Asesora de Paz, entendiendo que en ella tendrían asiento  todas las fuerzas interesadas en hacer aportes al empeño de terminar más de 50 años de guerra en nuestro país.
En el Acuerdo General para la terminación del conflicto de agosto de 2012, está estipulado que “el respeto de los derechos humanos en todos los confines del territorio nacional es un fin del Estado que debe promoverse”.
Cierra sesiones el ciclo 33 con un fuerte respaldo internacional al proceso de paz, con el encuentro en La Habana además, de los guerreros y contendientes -generales y jefes insurgentes-, no para desatar el fuego de letales ofensivas, sino para disparar con pasión irrefrenable todo el arsenal de su esperanza de paz. Y como remate de una jornada memorable, en la que también tuvo lugar de manera exitosa la tercera audiencia de género, los plenipotenciarios de las partes entregamos hoy al país un acuerdo humanitario que inicia la limpieza y descontaminación de nuestros campos de minas y restos explosivos de guerra que busca eliminar los riesgos que ellos representan para la integridad física de la gente humilde que labora la tierra y de los combatientes mismos, que con este gesto avanzan en el desescalamiento de la guerra.