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La libertad es una mujer

Que no ha podido liberarse

Porque debe coser y planchar sus banderas Patricia Ariza, dramaturga colombiana (Hojas de papel volando)

Señora Phumzile Mlambo Ngcuca (ONU mujeres)

Zainab Bangura (representante especial del Secretario General de NNUU).

Luiza Carvalho (Coordinadora de ONU mujeres para las Américas y el Caribe).

Belen Sanz Luque (ONU mujeres Colombia.

Reciban nuestro cordial saludo.
Damos también nuestro saludo, y especial gratitud, a las mujeres reunidas en La Habana, para presentar el Informe de revisión e incorporación del enfoque de género a los acuerdos de paz logrados en La Habana. Para ellas extendemos nuestro cariño.
Hoy, 24 de julio de 2016, natalicio del Libertador Simón Bolívar, inspirados en su ejemplo y evocando su memoria, queremos saludar este magnífico certamen con un razonamiento del padre espiritual de Nuestra América:

“¡La mujer! Ah, ¡la mujer!  ...Nuestros antepasados la consideraban inferior al hombre. Nosotros la consideramos nuestra igual. Unos y otros estamos grandemente equivocados, porque la mujer nos es muy superior... Dios la ha dotado de gran perspicacia y sensibilidad, y ha puesto en su corazón fibras delicadísimas; cuerdas muy sensibles a todo lo noble y elevado. El patriotismo, la admiración y el amor, hacen vibrar esas cuerdas; y de ahí resultan la caridad, la abnegación y el sacrificio”.

Queremos manifestar algunas ideas generales que podrían aportar a la construcción de una política de la igualdad de género y derechos para las mujeres en el mundo.

En la concepción de las FARC-EP, el sistema social al que se aspira, debe propiciar que todas las personas puedan contar con los mismos derechos políticos, civiles, culturales y de todo tipo, y con las mismas posibilidades para acceder al bienestar social y a los bienes comunes.

Vale recordar, que en el desarrollo histórico de la lucha de las FARC-EP, el papel de las mujeres combatientes ha sido preponderante, e indefectiblemente también lo será en la construcción del nuevo movimiento político legal que habrá de surgir de los Acuerdos de Paz. La participación en filas desde nuestra fundación, la plena igualdad de derechos para todas las combatientes, y la ruptura con históricos prejuicios del patriarcado, son la base de este acumulado labrado por las insurgentes farianas, ahora enriquecido en el amplio intercambio con las experiencias de lucha y resistencia de las mujeres del pueblo colombiano y del orbe entero. Es este caudal de feminismos rebeldes y sentidas reivindicaciones de las mujeres doblemente oprimidas, el que quiere acompañar y hacerse partícipe el nuevo movimiento político nacido de la paz.

La paz de Colombia debe tener rostro de mujer. Los acuerdos construidos en la Mesa, y el aporte invaluable de la Comisión de Género tiene ese propósito. En todos y cada uno de los puntos están presentes las reivindicaciones de las mujeres colombianas frente a la reforma rural integral, la participación política, la solución al problema de drogas ilícitas, la reparación a las víctimas, y el fin del conflicto. No obstante, para que todo este importante enfoque de género contenido hoy en los acuerdos, pueda plasmarse en la realidad cotidiana de millones de mujeres afectadas por el conflicto y sus causas estructurales, se requiere del mayor protagonismo de la mujer y sus organizaciones en la implementación, que se está abordando en la Mesa de Conversaciones.

Para cualquier circunstancia, sería positivo vincular las discusiones necesarias, con los problemas causales de la desigualdad, la miseria, la falta de democracia y demás factores generadores del conflicto colombiano, para no perder de vista, que como telón de fondo está el fenómeno de la lucha de clases.  Porque es que dentro de la visón de igualdad de género en construcción, aparte de distanciarnos de cualquier tipo de homofobia o lesbofobia y de los feminismos mal entendidos que colocan al hombre como el enemigo a combatir, apuntamos a elaborar un discurso claro sobre la interrelación entre género, clase y raza.

Tomemos en cuenta que no es el género la contradicción principal ni única en la lucha de clases; ni es el género el único parámetro para medir la dominación, y no basta con que se sea mujer para ser objeto de la opresión, porque no todas las mujeres están en la misma orilla. Las mujeres no están oprimidas sólo en sus relaciones de género, sino que también lo están en las de sexualidad, raza, religiosidad y muchas otras, entre las que las relaciones de clase, son principales. Y en la lucha por superar estos males, no podemos quedar anclados en la proclamación de una igualdad formal.

La lucha por la igualdad de género debe ponernos en el camino de reivindicar a las mujeres empobrecidas y oprimidas por el sistema que las somete a múltiples formas de explotación y de humillación, ya sea en la fábrica, en la maquiladora, en el limosneo, en el prostíbulo, en sus correrías de desplazada o de migrante, como “mula” del narcotráfico, en su condición de blanca pobre, de india en la miseria, de negra en la marginalidad, o en su condición de discapacitada, o de trabajadora precarizada, o de lesbiana reprimida o estigmatizada por un ambiente machista y patriarcal, homófobo y lesbófobo, al que no en pocas veces hacen coro muchos hombres y también mujeres.

Por otro lado, debemos reivindicar los derechos de la población LGTBI, procurando encontrar el ensamble de la igualdad de género con los problemas que se derivan de exclusiones por motivos de clase, raza, o sexualidad, superando aquel feminismo atado a la sola identidad con el concepto “mujer”.

Esto nos reta a estudiar a fondo el tema, a sentar posiciones sobre las diversas teorías de la sexualidad. En sus diferentes aristas; incluyendo el universal problema de la prostitución, podríamos decir, porque en la definición de un proyecto de país debe trazarse una política que asuma tal asunto, en tanto el mismo en mucho tiene que ver con la pobreza y deberemos abordar también, la crítica al tema de la norma heterosexual, la que para muchos es una imposición del patriarcado.

En fin, son múltiples los aspectos por analizar y sobre los cuales hay que sacar conclusiones; seguramente no lo haremos en breve plazo, pero tenemos que iniciar el camino, poniendo de lado el feminismo que se centra en un permanente victimismo; tenemos que criticar las exclusiones y reconocer a sus víctimas, pero presentando un discurso alternativo y afirmativo que abra horizontes, actuando como sujetos de cambio. Debemos seguir un camino que no desemboque en el feminismo que transforma la división sexual del trabajo en una división que, además de sexual, es racista y de clase.

En consecuencia, de toda esta reflexión, las FARC-EP, asumen como principio, entonces, el reconocimiento de la igualdad de género y en especial la reivindicación de los derechos de la mujer, imponiéndose el compromiso de luchar por su materialización en el seno de la sociedad y de nuestra misma organización a plenitud. Porque el homenajear a la mujer cada día, deberemos hacerlo profundizando en el conocimiento, reconocimiento y difusión de su papel, afianzando la premisa de que es el desenvolvimiento de sus facultades y derechos a plenitud, lo que define a la humanidad en su verdadero rango; y que es el nivel de emancipación de la mujer lo que nos habla del grado de civilización de un pueblo y el nivel de cualificación de nuestras convicciones.

“Seamos un solo corazón, un solo brazo. ¡Cerremos filas y, adelante! Un momento de vacilación, de indolencia, dará cabida a una opresión más, a nuevos yugos”, como dice María Cano.

DELEGACIÓN DE PAZ DE LAS FARC-EP

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