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No es suficiente desearle suerte al agredido. La solidaridad es mucho más que eso. Es la unión desinteresada de esfuerzos y de luchas, expresada, de ser posible, en el terreno mismo de los acontecimientos. En su pintura internacionalista, solidaria, Inti Maleywa expresa ideas que son férreos principios del ejército revolucionario en el  que milita, las FARC-EP, cultivados desde  los orígenes en Marquetalia y llevados a la práctica durante casi medio siglo de resistencia. Así, con asombrosa creatividad envuelve en sus trazos coloridos de amor y respeto por los pueblos que luchan, la gesta heroica de los palestinos, de Euskal Herria, de la Venezuela Bolivariana y de todos los pueblos que combaten por la libertad.

No existe violencia sin apellido, y la que impera en Colombia, tiene  el sello característico de su oligarquía: Es violencia bipartidista, violencia paramilitar, terrorismo de Estado. En desarrollo de dicha máxima, aplicada como pedagogía del miedo, por más de medio siglo han teñido de rojo los ríos de la patria y convertido a Colombia en una enorme fosa común donde reposan los sueños truncados de miles de colombianos humildes que exigieron del Estado sus derechos. Los colores de la violencia es la denuncia que a través de su mágica pintura hace Inti Maleywa como un retrato de la Colombia que le tocó vivir, es al mismo  tiempo el compromiso con su pueblo, con la Colombia nueva que  lleva en sus colores y que renace constantemente en cada trazo de su pintura subversiva.

¿Qué sería de la vida sin causa y sin banderas, sin desafío a los imperios opresores? se pregunta el poeta. Y con imágenes esperanzadoras salidas de su cotidianidad guerrillera, responde Inti Maleywa, y su respuesta es el grito rebelde  con el que su pueblo enfrenta la tiranía. Selva adentro es la expresión diaria y cotidiana del contacto permanente con su entorno, donde ríos y  quebradas, coros de aves silvestres, perfumes de selva, girasoles y orquídeas se armonizan con los sueños libertarios de un pueblo que con  la misma fuerza con que lucha, le canta a la vida, al amor, a la esperanza de un mundo nuevo.

Con el mismo amor con el que labra la tierra, con la misma esperanza con la que siembra el maíz y espera las lluvias, se aboca a la lucha en defensa de la patria. Es el campesino colombiano, protagonista de la epopeya emancipadora que en Marquetalia nació como esperanza. Hoy como ayer es el campesino la mejor trinchera, la mejor montaña de la fuerza insurgente. Como homenaje a su templanza en esta serie de retratos, Inti Maleywa hace desfilar antes nosotros, rostros curtidos por la intemperie y olvidados por el Estado. Postales tristes donde pueblos enteros marchan hacia la incertidumbre,  huyendo de la muerte; que contrastan con la alegría desbordada de la labranza y la siembra, que es fiesta popular. Rostros de niños que no van a la escuela ni al doctor, y cuya única esperanza de futuro es la nueva Colombia.

Tras la estela del libertador va Inti Maleywa, la artista insurgente llenando de colores, de alegría y esperanzas los senderos que transita la guerrilla. Juntando a Bolívar con Manuel Marulanda en su pintura, como juntos están en la historia de Colombia, transmite a su pueblo un mensaje de alerta y un grito de batalla. El Bolívar que muestra su arte insurgente es pensamiento vivo y acción revolucionaria; rodeado de pueblo en las comunas  entre estudiantes, campesinos e indígenas, animando al obrero, vuelve Bolívar espada en mano, convocando a los pueblos en unidad para el combate por la libertad. Nos recuerda Inti Maleywa en su pintura que Bolívar es el hombre de América.

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