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Extasiémonos con el Bolívar filósofo y poeta en su Delirio sobre el Chimborazo:
Al hacer la presentación del libro BOLÍVAR, EL HOMBRE DE AMÉRICA en la capital de Colombia, permítanme evocar que fue aquí, el 13 de enero de 1815, donde fue proclamada la unión de las provincias granadinas, a despecho de una camarilla bastarda que hasta lo último intentó mantener los lazos que ataban a Cundinamarca al sometimiento colonial de España, y a despecho también de los terribles anatemas que el arzobispado de Bogotá, en cabeza de Juan Bautista Pey y José Domingo Duquesne difundió contra el Libertador y su ejército. Se decía en las satanizadoras homilías que se trataba de una fiera abortada por Venezuela y que su tropa no era otra cosa que una recua de negros asesinos, y se arengaba a la población para que “salga, en fin, el buen cristiano a cumplir con su deber, hasta que logremos ver la muerte de este tirano”.
La Corporación bolivariana Simón Rodríguez tiene el gusto de presentar a ustedes esta preciosa antología que busca animar las lecturas bolivarianas de nuestro proceso histórico y cultural. Se trata de una selección inicial de ensayos breves sobre la presencia histórica y política del Libertador, que, no obstante que son verdaderos clásicos en el mejor sentido de la épica lírica y de la penetración objetiva de eminentes pensadores, son muy poco conocidos en nuestro medio, en el que, hoy más que nunca, se pretende darle muerte a la historia.
El niño Simón había fatigado a sus tutores y maestros. José Miguel Sanz, abogado, fundador del colegio de abogados de Caracas y miembro de la Real Audiencia lo llamaba “barrilito de pólvora”. El padre Andujar –amigo de Humboldt y Bompland- contratado para dictarle clases de catecismo, y el padre Negrete, como instructor de gramática, apenas podían soportarlo. Guillermo Pelgrón –quien sería actor de la revolución del 19 de abril de 1810- lo aguantaba a duras penas en las clases de latín.
El Arte de la Guerra es el mejor libro de estrategia de todos los tiempos. Inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung y muchas más figuras históricas. Este libro de dos quinientos mil años de antigüedad, es uno de los más importantes textos clásicos chinos, en el que, a pesar del tiempo transcurrido, ninguna de sus máximas ha quedado anticuada, ni hay un solo consejo que hoy no sea útil. Pero la obra del general Sun Tzu no es únicamente un libro de práctica militar, sino un tratado que enseña la estrategia suprema de aplicar con sabiduría el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos de confrontación. No es, por tanto, un libro sobre la guerra; es una obra para comprender las raíces de un conflicto y buscar una solución. “la mejor victoria es vencer sin combatir”, nos dice Sun Tzu, “y ésa es la distinción entre le hombre prudente y el ignorante”.