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Ahora en la madurez de sus 60 años, Xate Dwanawinde recordaba con más claridad que nunca, el haber recibido un conocimiento y una misión. Pero, además, en un momento de su reflexión profunda sobre tantas cosas sucedidas rememoró que Xate Zalambitaun día cualquiera ya fuera de la caverna, estando en el seno de la kankurwa, le había narrado que muchos años atrás, cuando apenas iniciaban las siembras que se hacen en las tierras frías, había tenido los reflejos de Guema en su chokukía dándole la idea de que el primer saumá que naciera luego de los pagamentos de Jukwamba que son aquellos que se hacen en Gungaká para preservar los alimentos del páramo, debería ser el mamito al que él enseñaría los secretos de Guexá y de Teyunna.

(Kóhxshal néhiá kwadlíxa yna)

Aquella tarde en que mamo Duanawindwe hacía su tributo a Xate Moudlkwexshe, una extraña premonición se apoderó de su mente cuando desde un rastrojo cercano emergió un Sikwaku sacándolo del ensimismamiento en que lo tenían los agitados trazos del agua en su chokukía.
 
Manuel
De sueños grandes y glorias
Su mente modesta, ancha,
Sembró en nuestra patria memorias.
Le mataron tantas veces
Con su rabia los mercenarios
Pero seguías sembrando con creces
Justicieros idearios.

 

Es con mucho orgullo que publicamos aqui esta hermosa poesía que nos llegó de honduras como un grito por la libertad de todos los pueblos de Nuestra America.
ANTIGUOS RELATOS TAYRONAS
En un lugar de La Madre (La Sierra) al que llamaban Kananteti (Hoy Pueblo Hundido) habían aparecido unos hombres blancos que no eran indígenas. Ellos humillaban al I’ku, le quitaban el producto del trabajo y todo lo que tenían. Ellos eran más de cien. Entonces Kaku Gunkera hizo llover y temblar la tierra durante varios días y noches y el Kananteti se hundió con todos los que ahí vivían como gente mala. Sólo quedaron dos parejas, hembras y machos.