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Durante largo tiempo los mamos habían hecho sus pagamentos para que los bonachis  no ascendieran más sobre la Sierra, y no había sitio sagrado  donde no hubiese un pagamento  para darle fuerza a Xate Duna, pero sabido es que entre los TEYUNNA hacer el pagamento del bien para un gunamo que parece padre implica que ese alguien tenga su compañera, que es como si fuese su saxa y parte más fuerte de su maranzama; entonces, si bien los mamos habían hecho sus pagamentos y habían entregado  a Matuna la protección de Xate Duna porque así lo había indicado el kaadukwa mayor de xate Serankwa, protector principal de Xate Dugunawi, porque podía el dios Matuna como el que más, combatir desde la distancia  ayudando a Xate Duna donde quiera fuere, no era posible que las cosas no se le sucedieran con tanta dificultad porque tenía Xate Duna la particularidad de estar siempre desbordado en el amor por las mujeres diluyendo, con ello, poder a su maranzama.

La Línea Negra era el nombre de la circunvalar imaginaria que marcaba el límite de sus pretensiones fincadas en la memoria viva de sus ascendientes; y ese sería, desde antes de salir de la caverna a caminar la Sierra, el sentido mayor de su lucha y de su existencia al lado de los mamos y saxas de los pueblos que en las cumbres sobrevivían a las embestidas de gentes con prácticas aniquilantes de su cultura.
Ya había osado salir a conocer, incluso, los valles de los Euparíes y las grandes ciudades que hoy rodeaban y hasta alcanzaban a penetrar dentro de los espacios sagrados de Guexá, y conocía también las tierras que se extendían desde el pie de la inmensa serranía en sentido contrario de la dirección de Ñibuñi, y que los mamos mayores llamaban Wiáxhxali, pero que ahora  los bonachis sólo denominaban con voces generalmente extrañas que, sin embargo, a veces contenían los remanentes eufónicos de los nombres que habían puesto sus abuelos…, como el de Orihueca, por ejemplo, que no era sino la castellanización de la vieja verba sagrada de Origuexa.

Surgió de la entraña popular
De la Colombia rural, profunda,
Campesino como nosotros,
Humilde como nosotros;
Nació silvestre y libre,
Rebelde fue creciendo
En una geografía poblada de leyendas
De historias guerrilleras,
De Manuel Marulanda Vélez
Que pasaba en las noches
Arropado en la niebla
Con la esperanza al hombro
Con la patria nueva…

“Monseñor”,
Así te llamaba la gente
Cuando con Juvenal y Acantilado
En Cartagena,
En Barranquilla,
En Santa Marta,
Disertando sobre Bolívar
Asustaste a los timoratos
Con tu grito:

Ella se llamaba Brenda,

la humilde campesina

de hablar sencillo y atravesao,

ella sabía que no había otro camino,

que las armas eran la solución,

y aunque era corta de palabras

no dudaba para decir:

pa´ los de ruana no hay libertad ni democracia

sólo pala, pico y azadón.

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