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La Sierra Nevada se enorgullece de poseer una gran biodiversidad, abundante riqueza hídrica y de guardar en sus entrañas tesoros invaluables, minerales que son codiciados por multinacionales que ya han hecho los estudios y conocen de estas existencias.


Son muchos los planes que se han venido desarrollando con el fin de acabar con La cultura Tayrona que pervive en La Nevada, verdadero obstáculo a la pretensión de saqueo de estos recursos. Los pueblos Kogui, Wiwa, Arhuaco y Kankwamo ven amenazados y agredidos sus creencias, costumbres, ancestros, conocimientos y territorios por la voracidad del capital.


Contra estos pueblos han habido engaños para crear confusión; amenazas, asesinato de líderes, violaciones, masacres como la de El Limón y La Laguna; desconocimiento de derechos, como el de consulta previa; prebendas para líderes y autoridades que ferean su aprobación a favor de megaproyectos; desplazamiento forzoso; despojo de territorio de forma violenta para sembrar coca para el narcotráfico, como en el caso de Mingueo y Palomino en Dibulla, donde persisten las bandas de paramilitares generando terror en la población.


La Sierra Nevada para los Tyarona es un sitio sagrado, a donde, antiguamente, solo subían a rendirle culto al padre Serankua. Hoy despojados, violentamente por terratenientes, de los territorios planos del piedemonte alrededor de la Nevada, donde vivían y desarrollaban sus labores, están obligados a vivir en una franja entre la depredación paramilitar y de las trasnacionales por abajo, y el parque de reserva natural por arriba. Sin derecho a reclamar ni un centímetro del territorio que le han arrebatado.


De contera los interesados en declarar la Nevada libre de “indeseables indios” y deshabitada, como en su momento lo dijo Santos para permitir la construcción de los hoteles 7 estrellas en territorio indígena, vienen generando conflictos interétnicos para hacer creer que los indígenas no pueden convivir ni siquiera entre ellos.


El ataque no para ahí. Siempre han intentado introducir religiones que les arrebata a las comunidades sus principios filosóficos milenarios, para imponerles una fe y unas creencias foráneas que llegaron con la invasión española. Esto conlleva a desconocer la juridicidad interna y libera de compromisos a los individuos con sus comunidades. Así, paulatinamente, los van sonsacando de sus áreas y éstos terminan pidiendo limosna en los semáforos de las principales ciudades que rodean la Nevada, como Valledupar, Santa Marta y Riohacha; ya hay Tayronas pidiendo limosna hasta en Bogotá, para vergüenza nacional. Y los que se quedan en el territorio, pierden su visión de defensa de los sitios sagrados, que son los referentes que protegen la madre tierra, casa de Serankua, de la devastación amenazante.


Para agravar la situación, el Estado no se hace presente de manera integral, sino con limosnas que son saqueadas por avivatos, antes de que lleguen a los beneficiaros, a tal extremo que hay indígenas que están recibiendo machetes, que según cuentas simples, salen a millón de pesos cada uno.


Es hora que el Estado se haga presente no con bombas, metrallas y bases militares como hasta hoy, sino con asistencia social aprovechando que los acuerdos facilitan, con su implementación, la resolución de atención integral a las comunidades indígenas y sus territorios, respetando su autonomía, independencia y costumbres.


Por: Sergio Darley Rodríguez Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @DarleySergio

 

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