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- DUGUNAWI SE APROPIA DEL TAMBOR DE XATE MAKÚ, EL PADRE DE LOS TRUENOS.

Xate Dugunawi, era un pequeño mamo muy sabio que había aprendido de todos los conocimientos de sus mayores. Entre las muchas cosas que aprendió Dugunawi, conocía el arte de hacer las cestas vegetales, que era un arte sagrado que no podían manosear sin autorización los mortales.

En el pensamiento de Xate Dugunawi en extremo existía la idea de que las cosas no tenían dueño. Bella pero complicada idea la del pequeño Dugunawi que llevada al absoluto le daba la visión de que en ninguna circunstancia era un mal tomar lo que encontrara en su camino así con ello molestara a los demás.

En ese laberinto de reflexiones vivía Xate Dugunawi, y mucho le gustaba tomar sin preocuparse las cosas de Makú que es el padre del rayo y de los truenos: solía ir Dugunawi a donde Xate Makú, que es el mismo Kwimawi, a sus cultivos, y de allí tomaba sin permiso frutos de lo que no había sembrado por su mano. Pero, naturalmente el laborioso Kwimawi ya estaba bastante molesto por lo que hacía el pequeño Dugunawi…

Xate Kwimawi pensaba: ¿Cómo hago para aconsejar a Dugunawi si es que el también es un sabio? ¿Cómo es que podré resolver este problema? Decía Xate Makú sin saber que hacer.

Al no encontrar argumentos de convicción, cierto día Xate Makú pensó en ponerle una trampa a Dugunawi para asegurarse y demostrar que era él quien estaba tomando sin permiso parte de sus cultivos; y al mismo tiempo Makú quería atrapar a Dugunawi. Fue entonces cuando Xate Makú puso en su cultivo de auyamas un portentoso tambor grande con el cual hacía los truenos, pues era Makú el padre de los truenos. Y pensó Xate Makú que con un truco de mamo podría meter a Dugunawi dentro del tambor para atraparlo. ¡Pero no! cuando Makú quiso darse cuenta, Dugunawi se había apropiado del tambor.

Xate Dugunawi, muy contento con el tambor lo tocaba y lo tocaba y con los truenos cantaba y bailaba. Y claro que Xate Makú lo escuchó y ya irascible salió a buscar su tambor y a tratar de atrapar al travieso Dugunawi. Pero este se le escondía y se le iba de un lado para otro hasta que Kwimawi comenzó a tirarle rayos para castigarlo…Tanto se complicaron las cosas que Xate Moudlkwexshe tuvo que intervenir y darle orden a Dugunawi para que devolviera a Xate Makú su tambor, y lo amonestó por apropiarse de los frutos y del tambor de Xate Makú, el padre de los truenos.


- EL VIAJE DE DUGUNAWI.

Cuando todo solo era pensamiento, ánugue y oscuridad…; cuando aún no estaban todas las cosas hechas y solo iba existiendo el mundo de los creadores de todo lo que ahora hay sobre Niwizaku, sobre la madre Guexá…; entonces nuestros mayores de origen que ahora nos miran por encima de Wirkanu, la altiva Guexá, decidieron hacer un viaje por el camino principal de Kunawa, el cielo, que era el sendero que debían tomar para tener la experiencia que necesitaban como padres de la creación.

Para ir al viaje, el sol, los luceros y las estrellas debían prepararse organizando sus alimentos y el agua que consumirían en el camino. Xate Bunkwakukwi iría dirigiendo el viaje como mayor que era entre los demás y el lucero Awiku debía ser su acompañante.


- DUGUNAWI NO PASA LA PRUEBA PARA VIAJAR CON BUNKWAKUKWI.

Antes de partir, para tomar fortaleza y como una prueba que había puesto Xate Bunkwakukwi, los viajeros debían comerse cuatro bollos de maíz cada uno, sin partirlos ni guardar parte. Así lo hicieron el mismo Bunkwakukwi, Awiku, que era su principal acompañante; Nunkutu, que es el lucero más brillante; las siete Ukwu; los tres Monikuna, el lucero Wiomu que es la culebra, el lucero Uti, que es el cangrejo…

Todos estaban listos y para viajar se habían bañado en oro para brillar más e irse viendo unos a otros en el viaje por la oscuridad del pensamiento de origen.

Xate Dugunawi que era aún un pequeño mamo sin experiencia, se había enterado del viaje y sin haber sido invitado llegó con la idea de que también quería ir; pero nada tenía preparado, así que le dijeron que no podían llevarlo. Xate Dugunawi insistió, entonces le dijeron que hiciera la prueba de comerse cuatro bollos; pero como no los tenía los demás viajeros decidieron darle ellos los cuatro bollos a Dugunawi.

Xate Dugunawi era muy pequeño y no pudo comerse los cuatro bollos de maíz; solo pudo comerse dos bollos enteros y la mitad del tercero. Este detalle no le gustó a los viajeros, porque no pasar la prueba era de mala suerte, y entonces se negaron a aceptar a Dugunawi y le ordenaron que se quedara.

Xate Dugunawi además de travieso era extremadamente terco; dijo, entonces, que él también era mamo y podía ir: “pase lo que pase me voy”, dijo. Pero todos en el fondo creyeron que había sido atrapado por el temor y que sólo estaba fanfarroneando. Él no irá, pensaron.

Xate Bunkwakukwi tomó la delantera y los demás lo siguieron por la trocha que va haciendo una subida hacia el cielo. En la mitad de la subida Xate Bunkwakukwi paró la caminata porque mientras caminaba había presentido que Dugunawi los seguía…, pero cuando miraba hacia atrás no lo veía. Vamos a esperar, dijo a los demás viajeros, el pequeño Dugunawi vienen hacia nosotros. Sin ocultar la molestia, todos se sentaron mirando por el camino hacia abajo; pero después de mucho rato Xate Bunkwakukwi dijo que no se podía atrasar más el viaje, que tenían que seguir…, que quizás había sido un equivocado presentimiento el suyo y que Dugunawi no vendría.

¡Claro!, el travieso Dugunawi se había entretenido en el camino mirando el polvo de las estrellas, rocas de todo tipo, flores celestes, y tantas otras cosas que le fueron retrazando.

Al medio día los caminantes habían llegado a la mitad del cielo, entonces Xate Bunkwakukwi dijo que había que parar para descansar y comer. En sus adentros, el padre Bunkwakukwi seguía preocupado por Dugunawi, pero no lo decía para no importunar a los demás…, así que el descanso en el fondo, era una manera de seguir esperando al terco hijo de Dumeina.

Cuando comieron y el descanso ya se sentía innecesariamente prolongado, Xate Bunkwakukwi pensó que no se podía esperar más y volvió a dar la orden de seguir, pero antes explicó a todos que en la mitad de Kunawa había una zanja inmensa y que para poder cruzar al otro lado debían hacerlo solo con la autorización de él. Y así Xate Bunkwakukwi puso su meinaku, si inmenso bastón de mamo mayor, como puente para que sus acompañantes pasaran. Develando que todos traían la preocupación por la suerte de Dugunawi, alguien preguntó como podría cruzar el pequeño mamo. Entonces, Xate Bunkwakukwi respondió que el bastón que cargaba Dugunawi, después del bastón de Xate Bunwakukwi era el único que podía usarse para hacer tal cruce. Así, después que cada quien a conciencia, más por solidaridad que sin enojo, dejó algunas cosas para que Dugunawi comiera, prosiguieron el viaje.


- DUGUNAWI LLEGA A UN LUGAR DESCONOCIDO:

 

Al llegar Dugunawi al sitio donde está la mitad del cielo ya iba cansado y con hambre, así que lo primero que hizo fue comer lo que habían dejado los viajeros.

Después que comió y descansó decidió intentar cruzar la zanja, entonces atravesó el bastón que llevaba, un fuerte bastón que en tiempos pasados le había obsequiado el mismo Bunkwakukwi. Probó hacer el peligroso salto sin hacer mayores meditaciones. El bastón no daba el largo suficiente y el decidió saltar sin valerse del mismo sin antes hacer el trabajo espiritual que le diera las habilidades para realizar aquel ejercicio.

Xate Dugunawi, porfiado y autosuficiente, terco y desobediente, tomó impulso, pero cuando en su primer intento llegó a la orilla de la enorme zanja al ver la profundidad del abismo se arrepintió. Tres veces procedió igual sin percatarse que cada arrepentimiento era un anuncio de Xaba Dumeina para que atendiera a la recomendación que le habían dado cuando no pasó la prueba de comerse los cuatro bollos de maíz completos. Se aventuró Dugunawi en un cuarto salto que con mucho miedo llevó a realización. Apenas si logró acariciar levemente la orilla del barranco del otro lado y resbaló irremediablemente cayendo al vacío. Y así, mientras caía, al poco rato recordó que en su mochilla llevaba unas plumas de pájaro que sacó rápidamente para comenzar a revolotear mientras descendía. El ágil y astuto Dugunawi, llegó al fondo sin golpearse, pero estaba más asustado que cuando dio el salto porque no sabía donde estaba; todo le era desconocido y en su mente comenzó a estropearle el peso de la desobediencia.

En el lugar donde había llegado Dugunawi habitaba el trueno, la brisa y el huracán…, entre otros seres. El no lo sabía pero era así.

Dugunawi tratando de saber donde estaba comenzó a caminar mientras pensaba que en algún momento tendría que comer; entonces sacó de su mochila semillas de maíz y de auyama y comenzó a sembrar por todos los lugares por donde pasaba.

Un día, mientras caminaba y sembraba; Dugunawi se puso a mirar con cuidado hacia su alrededor, entonces descubrió un objeto más grande, más duro y hueco al igual que su mochila. Ese objeto era de oro y tenía un tejido muy bonito en su hechura, que llamó su atención. A Dugunawi le agradó y decidió llevárselo con él pensando en que buscaría bejuco chwirawu para hacer un tejido igual. Mientras eso pensaba alguien lo miraba, pero él no se daba cuenta. Así como Dugunawi pensó, así se hizo…, entonces tejió con los bejucos de chwirawu un objeto parecido al que había encontrado; y así, lo que hizo fue un canasto. Lo que había hecho le gustó tanto que hizo otros más antes de salir a sembrar nuevamente.

Después de unos días de estar tejiendo canastos en la kankurwa que había hecho para vivir decidió salir a recoger algunas frutos en uno de sus canastos, pero aun su siembra no tenía nada y resultó que se encontró con otros cultivos que no eran de él y de allí agarró maíz para llenar su canasto. Mientras eso hacía, una culebra, wiomu, lo mordió en la pierna.

Dugunawi pensó que no era cualquier culebra porque siendo él un mamo no podía curarse. Entonces otro mamo que en no pocas veces que Dugunawi tenía problemas había aparecido para aconsejarlo y ayudarlo, llegó hasta donde Dugunawi yacía casi muerto. Ese mamo era el mismo Bunkwakukwi que se disfrazaba para que Dugunawi no se diera cuenta quien era verdaderamente el que lo ayudaba, y así él no abusara pensando que era protegido de Kaku Bunkwakukwi, uno de los más venerables entre los creadores. El sol ayudaba a Dugunawi porque sabía que era hijo de Dumeina y que era huérfano porque Dumeina lo había tenido que dejar para que todos los mamos pudieran tomarlo como ánugue de adivinación.

Kaku Bunkwakukwi, disfrazado de otro mamo desconocido le preguntó a Dugunawi qué cosa mala había hecho para que le pasara lo que le estaba pasando. Pero Dugunawi no se quería confesar y Kaku Bunkwakukwi lo aconsejó y le dijo que tenía que confesarse y arrepentirse de las cosas malas que hubiera hecho, porque toda curación se hacía primero limpiando la conciencia, el espíritu. Entonces Dugunawi le contó al mamo que había tomado en el camino algo muy bonito y había hecho un canasto con un tejido igual al que tenía el objeto que encontró.

Kaku Bunkwakukwi que es sabio y adivino ya se suponía lo que había pasado, pero escuchó a Dugunawi y luego le explicó que ese objeto de oro era de Wiomu, la culebra, y que el maíz que había cogido era de Kwimawi. Le explicó que ese tejido que había copiado era el ánugue de Wiomu, y que cuando se ponía a tejer era como si jugara con culebras venenosas y que ese tejido representaba las escamas de Wiomu. Después que Bunkwakukwi hizo trabajo espiritual para curar a Dugunawi le encargó que en adelante debería ser el padre de la cestería, labor a la que dio el nombre de Gwi, y así lo decidió Kaku Bunkwakukwi porque Dugunawi había sido el primero que hizo un canasto usando el chwiramu, y decidió además que la cestería sería una labor que harían los hombres y no las mujeres, rindiéndole tributo al pequeño Dugunawi.

Finalmente Dugunawi se quedó viviendo por los lados donde vivía Makú, pero no dejó de coger las cosas de los cultivos del padre del trueno y por eso tuvo problemas con él. El colmo de esos problemas fue cuando Dugunawi se apropió del tambor de Makú, que es el mismo Kwimawi y nuevamente tuvo que intervenir alguien para calmar la furia de Kwimawi. Esta vez quien intervino fue el propio Moudlkwexshe, quien ordenó a Dugunawi que devolviera a Kwimawi el tambor con que hacía los truenos.

Son muchas las historias que le ocurrieron al padre Dugunawi mientras transitaba el espacio que hay entre Matadlyi y el mundo donde habita el trueno y el anuge de Taxwi que es la culebra. Quizas fue él quien en su caída desde lo alto arrastró consigo los pensamientos de origen de los animales que se comen las cosechas, arrastró pensamientos de pájaros, ratones, gusanos y otros animales que ya estando en la tierra del trueno para no perecer se comían los cultivos y así desde entonces todo Kogui tenía que cuidar de sus siembras.

Dugunawi también cogía de la siembra de Makú sin atender a que Xate Bunkwakukwi le había hecho el consejo de no hacer eso. En alguna época en que Xate Dugunawi había tomado el anuge de Taxwi para copiar el tejido de su forma desconociendo que eran las escamas de la culebra, Dugunawi fue mordido por esta y Xate Bunkwakukwi lo curó y le dijo que el sería el padre de los canastos y le insistió en que no cogiera las cosas de Makú. Pero Dugunawi no hizo más caso porque era muy porfiado… él pensaba que siendo un mamo ningún otro mamo podía aconsejarle, sin meditar en que por mucho saber y experiencia que se tenga, nunca se termina de aprender los misterios de la vida, y que ello mismo obliga a asumir con humildad la norma de hacer caso a los mayores. Para entonces, era el propio Bunkwakukwi quien con mucha prudencia lo había guiado y aconsejado. Le había dicho Bunkwakukwi que si no hacía caso tendría problemas. Y así fue.

Ocurrió entonces que Xate Dugunawi fue perdiendo el brazo que en otra época, en una de sus tantas traviesas andanzas, le habían quitado las hijas del sol una vez que jugando lo confundieron con un cangrejo. Y después fue perdiendo la pierna que le había mordido la culebra Wiomu, hasta que poco a poco Xate Dugunawi quedó convertido también en culebra con cabeza de mamo…, o en mamo con cuerpo de culebra.

Mucho tiempo pasó mientras esto sucedía y hacía muchas cosas, y le ocurrían al hijo de Dumeina. Pero no ha de pensarse que todo lo que hacía el travieso Dugunawi era malo, porque ante todo él es un padre bueno.

Makú, que es un mamo bueno pero malgeniado, ya en el rebozo de su paciencia por las tantas travesuras de Dugunawi, de las cuales él era víctima, le dijo al propio Moudlkwexshe que ya no soportaba más a Dugunawi viviendo cerca, así que Moudlkwexshe le dijo a Bunkwakukwi que resolviera el problema de su protegido, y este le dijo a Makú que si no quería tener cerca a Dugunawi, él mismo le buscara donde vivir. Fue entonces cuando Makú, preso de la cólera, arrastró a Dugunawi por todos los lugares de Guexá, y todos los mamos se dieron cuenta que Dugunawi fue llevado a Makuriwa, que es la primera capa del mar; y después fue llevado a Gunriwa, que es la segunda capa del mar y después a Zanriwa, que es la tercera capa, hasta pasar por todas las siete capas y alcanzar el fondo que es Domuriwa. Allí lo sembró Makú y luego volvió a su nujué a tocar su tambor mientras Dugunawi creció y creció atravesando las siete capas del mar, hasta quedar en un sitio solo con su cabeza por fuera en lugar de Ñimatán donde todos los Kogui deberían llevarle los pagamentos por los canastos y todas las siembras; una vez los mamos hicieran sus pagamentos en Kanchadlyino y en Gungaká que son otros sitios obligados de pagamento que los mamos visitan para tributar por los alimentos, debían hacerlo también en el lugar donde hasta siempre habitaría Xate Dugunawi, para que cada próxima cosecha no tenga problemas ni se pierda. Así fue, así es, así será la historia de Dugunawi el padre de los canastos, quien fuera también el hacedor de la mascara y el baile de origen que en Ullimaka hizo surgir abundantes pavas, sahinos, manaos, armadillos y monos para que comiera el Kogui y se supiera por todos los tiempos de las bondades del pequeño mamo hijo de Dumeina que jamás quiso aceptar que las cosas tuvieran dueño alguno sobre Guexá.


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