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Hoy parece un día cualquiera,
hoy el mundo sigue girando,
la vida continúa su curso,
-para la mayoría es un día cualquiera-
 
Pero resulta que no es para todos así.
Este día se adhirió a la memoria
de los que lo conocimos;
no por lástima, no por rencor,
sino por el agravio a nuestra historia,
por el golpe fulminante a nuestro sueño.
 
Ya han pasado siete años,
parece ayer, el olor a pólvora
no puede borrarse tan fácilmente.
Así somos conscientes
de que está prohibido olvidar.
 
Está prohibido olvidar
el paso urgente de un ser,
para nada fantástico o sobrenatural,
simplemente un ser humano,
con una utopía carcomiéndole las entrañas.
 
Ese ser que vio crecer,
con el sudor de su frente,
un nuevo andar,
un día como hoy
fue alcanzado por ráfagas de odio,
por balazos de avaricia, de rencor,
de capital- y de -ismo también.
 
El objetivo: matar la idea.
 
Se vistió de tierra entonces
aquel ser de alucinaciones libertarias.
Se vistió de tierra, para esparcirse
por los surcos que tantos y tantas
han abierto con sus pasos.
 
Se vistió de tierra entonces
para abonar ese suelo,
del que somos hijos;
para impulsar la erupción
de las miles de semillas
que algún día serán árboles,
y que hoy invernan
esperando la llegada
de un rayo de sol.
 
Este ser, que nació para vivir luchando,
que murió para seguir viviendo,
Hoy deambula por las callejuelas de las comunas,
Entre los rostros maquillados con barro
de los que motivaron su entrega.
 
Hoy está aquí, junto a nosotros,
para seguir naciendo, para seguir luchando.
 
Hoy está más vivo que nunca:
venga compañero, venga amigo, venga padre:
Hoy celebro su vida con el vino de esta tierra.
 
Hoy doy un fuerte aplauso,
río, canto, bailo,
porque mártires tenemos demasiados.
Para ser mártir hay que estar muerto:
Y yo aún escucho su corazón latiendo.
 
Montañas de Colombia, 1 de marzo de 2015.
 

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