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En nuestros corazones no albergamos odio, si los enfrentamos en esta guerra fraticida es porque no nos dejaron opción distinta, por instinto de conservación, y porque es nuestro deber moral defender los sagrados derechos de las mayorías, utilizando si es preciso el justo principio de la rebelión que asiste a los pueblos cuando se encuentran sometidos a tratos indebidos.

En la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo proponen “participación democrática nacional, regional y municipal en las decisiones que comprometen el futuro de la sociedad… Todas las instancias de elección popular podrán ser objeto de revocatoria del mandato”.

Desde la década de los años 80´s el pueblo colombiano venimos afrontando las lesivas consecuencias de la implementación del modelo económico neoliberal, variante del capitalismo que se ha efectuado en todos los renglones de la economía.

A propósito de los 18 años de la Constitución Política de 1991: continuismo capitalista que profundizó la exclusión política y social en Colombia. Pese a que fue evidente el propósito neoliberal, después de su promulgación había generado expectativas en ingenuos, por lo menos con el contenido filosófico del preámbulo, pues se anunció el paso de la democracia representativa a la participativa y el Estado social de derecho; también por la idea de autonomía regional en la distribución del espacio y del poder. Pero contrario a la democratización, todo esto fue una estrategia de cooptación por los gobiernos sucesivos, a saber, Cesar Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Con todo esto la institucionalidad, inundada de ilegitimidad, se encuentra una vez más agotada.

Bajo este título que repite la denominación del relato de la ex parlamentaria colombiana, protagonista de uno de los períodos más truculentos de la historia de nuestro país, presentamos a nuestros lectores el capítulo II del libro que compendia el morbo y el dramatismo característico del régimen mafioso que presidió el narco-Presidente criminal Álvaro Uribe Vélez. Sin más preámbulos, prepárese para entrar en el tremedal nauseabundo, patético si se quiere, de lo que jocosamente algunos han dado en llamar Yidispolítica.
El senador Gustavo Petro reivindica la Constitución Política de Colombia (CPC) de 1991, acompañado de algunos sectores que eufemísticamente se autodenominan de “izquierda democrática”. Éste oportunista incluye en su discurso la Carta Magna, ofreciéndola como programa de gobierno y con el propósito de deslegitimar la lucha armada. El congresista reclama el espíritu constituyente porque, en primer lugar, así justifica la traición al Pueblo, pues se entregó al régimen por taxis, becas y finanzas electoreras; y en segundo lugar, con ello muestra su simpatía con el articulado neoliberal y su posterior desarrollo legislativo.

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