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La amenaza contra el agua en el Triángulo de Carbón.


Por: Jimy Ríos


En el Triángulo de Carbón se están presentando graves impactos ambientales producto de la actividad minera de las multinacionales y su relación destructiva con la naturaleza. La población de los departamentos de Cesar, La Guajira y Magdalena sufren las consecuencias de la cadena del carbón, la cual incluye exploración, explotación y transporte del mineral hacia a los puertos en el Caribe. Esta nueva espacialidad capitalista, además de haberse  construido a sangre y fuego, golpea la naturaleza sin ninguna consideración. El ordenamiento territorial de la competitividad amenaza la vida.

Las exportaciones desde el Cerrejón iniciaron en los años ochenta, y hasta entonces el mayor porcentaje de la producción nacional provenía del interior del país (UPME 2011). Desde 2004, la producción del Triángulo de Carbón representa más del 90% del total nacional. Solo el 2014, La Guajira y Cesar sumaron el 93% de las 88.5 millones de toneladas que produjo Colombia. Tal crecimiento ubicó al país cafetero en el cuarto lugar del ranking mundial del carbón. Éste proceso deja una estela de perjuicios y la expansión del negocio afecta recursos tan vitales como el agua.   

Es el caso de la desviación del Rio Ranchería (proyecto de expansión iiwo'uyaa) y del Arroyo Bruno, uno de sus principales afluentes (Proyecto de Expansión P40 Mina Cerrejón). Diversas y numerosas organizaciones están denunciando las consecuencias de estos proyectos resumidas como sigue: “Dado que La Guajira, más del 80% de su territorio es semidesértico y la oferta hídrica es muy frágil, la modificación del curso de este arroyo puede derivar en la perdida de la biodiversidad, aumento acelerado de la sedimentación así como graves alteraciones en las zonas de vida y la probable muerte del arroyo.”

Así las cosas, nos resulta por lo menos criminal que la expansión capitalista considere afectar las fuentes hídricas de una región en la cual se ha denunciado la muerte de miles de niños y niñas, entre otras razones, por no tener acceso al agua potable. Tal situación mereció campañas de solidaridad para enviar agua a La Guajira. Hambre y sed han ocupado titulares en los medios de comunicación sin que se expliquen las razones de fondo y se señalen los culpables. El Cerrejón gasta miles de m3 del vital líquido en la producción y luego corre contaminada con mercurio y plomo entre otros químicos usados en el extractivismo.  


El agua también está amenazada en el Cesar. La Contraloría informó sobre una “desviación no autorizada que hizo la Drummond del caño Noliza y la baja calidad en los procesos de tratamiento de vertimientos de Norcarbón. Tras un examen sobre el nivel superior de los pozos de agua subterránea de la Drummond, el organismo encontró que hay un daño de al menos 10 metros que “potencialmente afectaría los caudales de los cauces y humedales a escala local y regional, y de forma más inmediata, la disponibilidad de agua para los habitantes del área”. (El Tiempo 20 de agosto de 2014)


El órgano de control midió la contaminación química del agua y encontró que en La Loma, mina de la Drummond Ltd., “existen datos que muestran niveles de cobre elevados en aguas de la zona minera, mientras que en La Jagua, el arsénico, el cobalto y el níquel están presentes aguas abajo. (…) Cuando el carbón llega a las aguas es potencialmente tóxico y cancerígeno para humanos y seres vivos. Incluso, en la auditoría el organismo encontró un grupo de chigüiros en piscinas donde se lavan los camiones, iguanas en la zona de acopio de carbón, aves silvestres y babillas en aguas que tienen tratamientos con inflamables y radioactivos.”


A los problemas con el agua se le suman los del aire, donde se encuentra el polvillo del carbón. Su presencia genera graves consecuencias en la función pulmonar. En las zonas carboníferas se han denunciado enfermedades pulmonares tanto en las comunidades como en los trabajadores, quienes presentan daños de acuerdo a su participación en la cadena, es decir, en la extracción, transporte y embarque. El polvillo es un problema en los puertos y por eso al impacto en los departamentos de Cesar y La Guajira, se suma el daño en la capital de Magdalena. En Santa Marta es común encontrar carbón en sus calles y polvo en las viviendas. Son preocupantes las manchas negras en “la Bahía más hermosa de América”, en las zonas aledañas al puerto donde el mar resulta contaminado en el embarque de éste producto.

Allí en los puertos, se han presentado supuestos accidentes que terminan por afectar gravemente los ecosistemas y la economía local de los pobladores. La Drummond ha derramado carbón, cemento y ACPM al mar en Santa Marta y Ciénaga. La empresa dice que son accidentes, pero la realidad es que eligen la opción más peligrosa para la naturaleza y con ello reducen costos e incrementan ganancias. El incumplimiento de normas, la corrupción y la flexibilidad de las autoridades ambientales no ayudan a prevenir el impacto del extractivismo capitalista, si es que eso fuese posible. Los pescadores han demandado la empresa.

El transporte del carbón tiene otras consecuencias para la población pues el tren produce altos volúmenes de ruido que perturban la tranquilidad, el descanso y otras actividades cotidianas. El paso del tren en zonas pobladas ha provocado numerosos accidentes, algunos de ellos han terminado en víctimas fatales. En Aracataca denuncian grietas en las viviendas por el paso del tren. Algunas comunidades han emprendido acciones de hecho y en derecho con algunos logros en la regulación del tránsito del tren, especialmente en las noches. Pero el lobby de las empresas ante los tres poderes y los opinadores prepago en defensa de los intereses capitalistas, han limitado la acción legal de las comunidades.    

La construcción de la infraestructura para el saqueo en el Triángulo de Carbón es otra causa de problemas ambientales. Así se puede constatar en el recién inaugurado Puerto Brisa, municipio Dibulla. “El presidente indicó que este puerto tendrá un futuro promisorio porque se podrá exportar carbón, gas y otros minerales.” Promisorio para quién nos preguntamos ante este panorama de depredación capitalista. Éste macroproyecto tiene otros negocios además del puerto los cuales harán parte de una Zona Franca. Las comunidades indígenas, los pescadores y los pobladores en general se oponen porque de allí derivan el sustento económico y la alimentación, cuestiones amenazadas por los macroproyectos.  

Otra obra que perfila al Caribe en términos de plataforma de exportación es la Ruta del Sol. Esta vía conecta al interior del país con la costa Atlántica, causa daños ambientales en el sur de Cesar. Susana Portillo, líder comunal de San Martín, realizó la denuncia según la cual “los que vivimos en este municipio tenemos miedo de perder la quebrada Torcoroma, a causa de la exagerada extracción de material que hace la compañía”, afirmó. (El Heraldo, 15 de Agosto de 2014). La quebrada Torcoroma, que abastece al acueducto local, ha sido desviada de su cauce y se han construido socavones  para sacar material utilizado en las obras y en la construcción de un carreteable de dos kilómetros de longitud por 15.7 metros de ancho, sobre el lecho de este afluente para permitir el paso de las volquetas.

Al interior del Triángulo de Carbón se presentan otros impactos ecológicos aunque no directamente vinculados con el mineral, sí con la depredación neoliberal. En abril de 2014, la Corporación Autónoma del Magdalena lanzó un  S.O.S. por la Sierra Nevada de Santa Marta. Un año después, la Fundación Pro Sierra Nevada afirma que “La Sierra se está quedando sin agua” y  tomará 20 años recuperar el sistema hídrico. Según esta organización, “en este macizo montañoso nacen 36 ríos que producen más de 10.000 millones de metros cúbicos de agua por año, de donde se abastecen los acueductos de 21 municipios de los departamentos de Magdalena, La Guajira y Cesar. Además, es el hábitat de cientos de especies, entre ellas 37 aves, dos mamíferos y 10 anfibios que son endémicos, es decir, no se encuentran en otro lugar.” El Espectador tituló uno de sus reportes de mayo de 2015 “El deshielo de la Sierra Nevada”.

Otro caso preocupante es el daño ambiental evidenciado en el sur de la Ciénaga, en donde, según El Heraldo, se construyeron 27 kilómetros de diques y terraplenes y se han talado y quemado 60 hectáreas de bosque, con fines agrícolas y ganadero. El periódico cita a Sandra Vilardy bióloga marina y docente investigadora, cuando  asegura que en la medida en que los pantanos y humedales de la Ciénaga se secan no solo se pierde el espejo de agua como tal, sino toda la función del agua en los suelos y la conectividad entre el río Magdalena, los pantanos, caños y ciénagas. “Si no hay conexión de agua, los procesos vitales de otras zonas del ecosistema no se dan debidamente. Si no hay agua, no hay vida”, concluye Vilardy.

La acumulación basada en la explotación de recursos naturales y energéticos, así como la construcción de macroproyectos para convertir el Caribe en plataforma para la exportación, tienen amenazados de muerte a seres humanos, especies animales, fuentes de agua y cuanta muestra de naturaleza exista. La relación destructiva del capitalismo con la naturaleza es más que evidente en el Triángulo de Carbón. Los daños ambientales crecen en la medida que crece la producción capitalista y las ganancias de las multinacionales. Con David Harvey (2014) podríamos decir que asistimos a una “contradicción peligrosa” en la relación del capital con la naturaleza. La resistencia del pueblo en defensa del territorio no se ha hecho esperar. Y la reacción militarista tampoco. Y en consecuencia la rebelión armada avanza en el Caribe. 

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