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Verdad, violencia y acumulación capitalista en el Triangulo de Carbón.

Jimy Ríos

Las FFMM tienen mucho que explicar sobre su papel en la violencia activada con el propósito de alistar el territorio del Cesar, La Guajira y el Magdalena para la explotación de carbón. Vasta con ojear sus archivos y con ello verificar la comunidad de intereses entre las multinacionales carboneras, el ejército y los paramilitares. A los indicadores exitosos del negocio del carbón, le antecedieron los indicadores de la criminalidad oficial. Generales y coroneles señalaron a las FARC como autoras de masacres e intentaron negar la presencia paramilitar. La historia ha desmontado estas mentiras pero aun falta mucho por esclarecer.

El año 2001, año en el cual se promulgó el Código Minero, es emblemático en la violencia del alistamiento del territorio. En enero, las FFMM lanzaron la operación “Reconquista de la Sierra Nevada de Santa Marta”. El 9 de agosto se presentó el desalojo de la comunidad de Tabaco atacada ferozmente por la policía, el ejército y la seguridad privada del Cerrejón, pues la inversión extranjera exigió su territorio. Este mismo año fueron asesinados los sindicalistas de la carbonera Drumonnd a manos de los paramilitares. Así se elevaron significativamente las masacres, los asesinatos selectivos, el desplazamiento, las amenazas y los desalojos a finales del siglo XX y los inicios del XXI. En 2004, esta zona ya superaba el interior del país en la producción del mineral.

Todo esto sucedió en medio de un significativo crecimiento del ejército. Con semejante despliegue no protegieron las comunidades amenazadas que luego fueron masacradas y desplazadas. El ejército no combatió el paramilitarismo. Activaron por lo menos 17 batallones en dos departamentos, los mismos que vieron pasar la caravana de la muerte sin darse por enterados. En el marco de la operación de 2001 en la Sierra Nevada activaron la Brigada Móvil 4 con 7 Batallones de Contra Guerrilla; estos se sumaban al Batallón de Infantería Córdoba; en 2004 se sumó el Batallón de Alta Montaña No 6 en la misma Sierra Nevada, por los lados de Ciénaga.

En 2005 se creó la 10ª Brigada Blindada en Valledupar; allá estaban los grupos de caballería y el de artillería La Popa; a estos se integraron el Batallón de Artillería Santa Barbara, el Batallón de Alta Montaña No. 7 en la Serranía del Perijá; al año siguiente el Batallón de Apoyo y Servicio para el Combate No. 10, también activaron los Batallones No 2 y No 3 del Plan Especial Energético y Vial, en 2009 activan el Batallón de Ingenieros Militares No. 10 en Valledupar y el Batallón de Instrucción, Entrenamiento y Reentrenamiento, en 2010 crearon el Batallón de Movilidad y Maniobra No. 1 en La Guajira; en 2012 activaron el Batallón Especial Energético y Vial N°17 y en enero de 2015 crearon la Fuerza de Tarea de Armas Combinadas con un unas decenas de carros de guerra.

Hoy todavía, junio de 2015, los paramilitares se pasean como perro en casa de militares. Se les asignó el eufemismo de BACRIM pero igual cumplen funciones encomendadas por el ejército. Hoy como hace 15 años se intenta desconocer esa presencia. Miremos un poco los antecedentes, por lo menos desde que se inició el alistamiento de la institucionalidad colombiana al modelo de desarrollo neoliberal con la Constitución de 1991. En agosto de éste año, según reseña el diario El Tiempo, “La Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, negó ser la autora de las masacres ocurridas recientemente en el Cesar y acusa al Ejército de estos hechos. Dicho grupo solicita a la Procuraduría General y al Defensor del Pueblo que investiguen los múltiples crímenes de campesinos en esa región, como los de Becerril, en donde fueron muertos cinco campesinos, y en La Jagua de Ibirico, tres labriegos.” La Jagua es hoy uno de los municipios de mayor producción de carbón, explotado por la Drummond.   

En ese momento, el jefe del Estado Mayor de la Segunda Brigada, coronel Carlos Herney Castro, dijo que los asesinatos eran “obra del grupo de ajusticiamiento de las FARC. A su vez, el 41 frente de las FARC (…) denuncian a un grupo de paramilitares que opera en la región, integrado por nueve hombres y una mujer, y se hace pasar por el XIX Frente de las FARC, que opera en la Sierra Nevada de Santa Marta.” Similar situación se presentó en Cienaga (Magdalena) ya terminando el año 91. El entonces comandante de la Primera División, general Luis Humberto Correa Castañeda, al ser cuestionado sobre la presencia de grupos paramilitares en esa región, “señaló que esto solo queda en palabras porque nadie suministra pruebas concretas o información que lleven hasta estas agrupaciones.” Dicha presencia había sido denunciada por sindicalistas bananeros y campesinos. (El Tiempo, 21 de diciembre de 1991).

El Portal Verdad Abierta de la revista Semana le ayuda a estos oficiales al contar “Cómo se tomaron los “paras”La Guajira”. Dice Verdad Abierta que “Con la llegada del paramilitarismo a La Guajira hacia finales de los 90 (…) vieron arrancar otro ciclo de violencia. Fue más cruel que aquel que en su momento trajo la bonanza marimbera. Y más violento que los conflictos de siempre entre contrabandistas.”. Además de reseñar con más de una década de retraso la llegada del paramilitarismo, Verdad Abierta pretende asociarlo solo con la economía ilegal (contrabando y narcotráfico) y nunca lo asocian a la economía extractivista y a la guerra contra insurgente.

“Según los testimonios recogidos en la región por VerdadAbierta.com, en 1998 las Accu entraron a Urumita, Villanueva y San Juan del Cesar. El 8 de diciembre de 1998 hombres de ‘Jorge 40’ asesinaron a 12 personas en el municipio de Villanueva. El comandante de la Segunda Brigada de ese entonces, general Gabriel Contreras dijo que la “delincuencia organizada” había realizado la masacre y que “algunas de las víctimas presentaban antecedentes judiciales. En diarios regionales apareció la versión del frente 59 de las Farc: que los paramilitares habían cometido el crimen y, más grave aún que el grupo mecanizado de Caballería No. 2 Rondón de Buenavista, en ese entonces al mando del Coronel Zalatiel Solano Clavijo, había sido su cómplice. Hoy ya se sabe que la masacre fue responsabilidad de los ‘paras’, pero la justicia aún no se ha pronunciado sobre si la versión de que hubo complicidad militar tiene algún asidero.”

Y es así: aun falta mucho por esclarecer sobre la participación de las FFMM en la expansión capitalista, la cual demandó la activación de la violencia en favor de los proyectos de las multinacionales en el Triángulo de Carbón, que dicho sea de paso, también tiene gas y petroleo. Casi de manera simultanea al baño de sangre, las empresas  reportan indicadores exitosos y billonarias utilidades. Hoy día, en la misma región se presenta un debate sobre la cifra el fallecimiento de niños por causas asociadas a la desnutrición. 

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