Unknown column 'a.client_id' in 'where clause'
  • 1
En la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo proponen “participación democrática nacional, regional y municipal en las decisiones que comprometen el futuro de la sociedad… Todas las instancias de elección popular podrán ser objeto de revocatoria del mandato”.
A propósito de los 18 años de la Constitución Política de 1991: continuismo capitalista que profundizó la exclusión política y social en Colombia. Pese a que fue evidente el propósito neoliberal, después de su promulgación había generado expectativas en ingenuos, por lo menos con el contenido filosófico del preámbulo, pues se anunció el paso de la democracia representativa a la participativa y el Estado social de derecho; también por la idea de autonomía regional en la distribución del espacio y del poder. Pero contrario a la democratización, todo esto fue una estrategia de cooptación por los gobiernos sucesivos, a saber, Cesar Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Con todo esto la institucionalidad, inundada de ilegitimidad, se encuentra una vez más agotada.
El senador Gustavo Petro reivindica la Constitución Política de Colombia (CPC) de 1991, acompañado de algunos sectores que eufemísticamente se autodenominan de “izquierda democrática”. Éste oportunista incluye en su discurso la Carta Magna, ofreciéndola como programa de gobierno y con el propósito de deslegitimar la lucha armada. El congresista reclama el espíritu constituyente porque, en primer lugar, así justifica la traición al Pueblo, pues se entregó al régimen por taxis, becas y finanzas electoreras; y en segundo lugar, con ello muestra su simpatía con el articulado neoliberal y su posterior desarrollo legislativo.
La oligarquía y el imperio han decretado el anacronismo del socialismo y de la posibilidad de la libertad para los pobres de la tierra, pero no porque censuraran la teoría heliocéntrica de Copérnico la tierra dejó de girar alrededor del sol…, no porque intentaran arrancar de raíz la existencia de los pueblos originarios y ahogar en la sumisión a su descendencia y la de las negritudes vilipendiadas, la presencia de su valiosísima e ingente herencia dejará de fluir en nuestra hechura, en nuestra sangre, en lo que somos como pueblo de pueblos. Porque la canalla santanderista halla cercenado la vida del Libertador con el deseo ominoso de su destrucción no podrán evitar el florecer de su ideario. Estólidos aquellos fatuos usurpadores del poder que pertenece al pueblo, cuando creen que podrán por los siglos de los siglos anonadar el decoro de los humildes, clausurar la justa rebeldía de las masas, decretar el fin de las revoluciones, detener el rumbo de la historia.