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Desde hace muchos años nos venimos quejando que siempre gobiernan “los mismos con las mismas”, pero no se hace nada para remediarlo.

 

Con la presencia del Partido FARC y el avance de los sectores de izquierda en la actual contienda, la dinámica adoptada por “los mismos”, o mejor, las empresas electoreras en las que se han convertido los partidos polítiqueros, es la de “renovar”, “cambiar” para que todo siga igual.

 

En muchos escenarios de gente pobre y en la miseria y también de la clase media, He escuchado decir que desean un cambio, pero se disponen a votar por los parientes de los politiqueros que han llevado al departamento de La Guajira, desde hace más 35 años a la  penuria.

 

Que “el hijo no tiene la culpa de lo que haya hecho su padre”, totalmente de acuerdo. Pero que una persona, y más si es de la casta de los que se han beneficiado del gobierno, va a defender los intereses de la familia, por encima de los intereses de la comunidad también es una verdad irrebatible. En otras palabras el abuelo sabio decía: “de tal palo tal astilla” y otro con más certeza: “hijo de tigre sale pintado e hijo de chucho rapipelado”. Ni siquiera han sido dignos luchadores para defender los derechos humanos de las comunidades agredidas por la voracidad minera de las trasnacionales y de las políticas entreguistas del arrodillado Gobierno Nacional.

 

Esto va ligado a los recursos para la campaña. Si veo que un candidato se gasta miles de millones en su campaña, con seguridad que no va trabajar en función de la inversión social, sino buscando las ganancias de lo invertido. En otras palabras el carácter de servidores públicos se ha perdido y lo que tenemos ahora es una jauría de negociantes privados

 

Desafortunadamente, muchos líderes corruptos reciben dineros a cambio de llevar como borregos a su comunidad para que vote a favor de su desgracia. En una clara demostración que a la gente del común no se le enseña a pensar y decidir sino que los confunden para manipularlos.

 

Claro, están pendientes del puesto que les puedan dar, de resolver por unos días su situación, o mejorarla, pensando sólo en el interés particular, a costa de los intereses del colectivo.

 

Luego que pasan las elecciones comienzan a deambular con peticiones, que más parece “una lista de mercado de necesidades”, para buscar beneficios para sus comunidades, y la respuesta es la misma: “no hay recursos”.

 

Claro que sí hubo recursos, sólo que el dinero se los dieron antes en el tamal, la formula médica, el bulto de cemento, la botella de “chirrinchi” o cualquier otra migaja, por eso la educación, la vía, la atención médica y la satisfacción de las demás necesidades sociales seguirá siendo un sueño para los desprotegidos. Es contradictorio cuando decimos que amamos a los hijos pero les negamos la posibilidad que tengan escuela, salud, vivienda digna, alimentación y un futuro asegurado.

 

Y “esperemos las próximas elecciones a ver cómo nos va”, dicen con resignación, para volver hacer lo mismo. Ese es el ciclo, es el sistema que da resultado a los de arriba para seguir gobernado a pesar de la miseria a la que han llevado a los de abajo.

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