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En los primeros 25 días del año 2017  según las cifras dadas por los medios de comunicación, habían muerto de inanición en La Guajira un total de 5 niños, es decir, 1 niño cada 5 días. Esto solo en lo que respecta a La Guajira, Departamento en el que abundan los recursos y riquezas naturales tanto como la miseria, la injusticia, la desnutrición y la corrupción. Justamente hoy están los indígenas Wayúu movilizándose en Bogotá para exigir políticas de atención urgente de parte del Estado.

Por supuesto, el problema no es solo regional pues la gran mayoría de los niños y niñas que habitan en las zonas rurales abandonadas por el Estado colombiano carecen de acceso a servicios públicos básicos, no tienen cobertura de ningún régimen subsidiado de salud y viven rodeados de carencias no solo materiales sino también afectivas. Todas estas situaciones y muchas otras que afectan su calidad de vida son pasadas por alto por la institucionalidad en su conjunto.

En las áreas urbanas la situación no es muy diferente. Miles de niños, niñas y adolescentes deambulan por las calles de la ciudad, en harapos pidiendo limosnas, desnutridos y hundidos en la drogadicción. Muchos son objeto de violencia sexual y tienen que callarlo. Otros no pueden estudiar porque además de la falta de oportunidades para formarse, se ven obligados a trabajar para mantener sus familias. Esa es la dura realidad que tienen que vivir en nuestro país las nuevas generaciones.



La verdad es que muchos de los menores de edad que han llegado a las FARC ha sido por causa del abandono del Estado y por no tener otras perspectivas diferentes a refugiarse en la insurgencia para buscar su sobrevivencia. Muchos otros, quizás miles, han llegado a las FARC durante estos 52 años por causa de la persecución del mismo Estado y los grupos paramilitares a las comunidades siempre olvidadas en los Planes de Desarrollo, pero eso sí,  siempre perseguidas y masacradas por habitar en zonas donde la insurgencia ha tenido influencia históricamente.

Esos menores siempre han encontrado en el seno de la insurgencia fariana la familia que nunca tuvieron, el cariño y refugio que siempre les fue negado y la atención que el Estado nunca estuvo en capacidad de brindarles. Las FARC-EP les ha brindado alimento, educación, salud, recreación y en general todas las condiciones propicias para su desarrollo integral, obviamente dentro de las condiciones que permitieron la guerra de un Estado militarmente poderoso como el colombiano contra una guerrilla revolucionaria como las FARC-EP.



Por eso, echarle la culpa de la existencia de niños en la guerrilla a las FARC, es buscar las fiebres en las sábanas porque la culpa total la tiene Estado colombiano.

Basta mirar la realidad actual de las ZVTN y los PTN para darse cuenta que la historia de desatención hacia los sectores más vulnerables de la población se repite. Llegamos a los sitios honrando la palabra empeñada dentro de los tiempos también acordados entre las partes. Lo que encontramos fueron sitios sin adecuación mínima, completamente pelados y sin sombra; sin condiciones mínimas de acueducto y alcantarillado, en muchos casos con carencia total de agua; sin electricidad; tampoco hay espacios o módulos para la atención de salud y la medicina que existe es porque la traía la guerrilla luego de largas marchas; no hay espacios para la recreación y el deporte, mucho menos para la formación cultural ni el estudio básico; no existen baños diferentes a los que ha logrado realizar las FARC con palas, azadones y machetes, y que son iguales a los que construíamos en los tiempos más duros de la confrontación armada. Por supuesto, las víctimas principales y quienes más sufren los incumplimientos y desidias del gobierno para cumplir lo que se ha pactado son los más vulnerables y débiles: las mujeres embarazadas, las niñas, niños, adolescentes y los adultos mayores.

Por eso nos genera profundo rechazo no solo a nosotros como FARC, sino a amplios sectores de la población ver a las instituciones del Estado rasgándose las vestiduras por la existencia de menores en las filas de las FARC-EP y exigiéndo su devolución inmediata. Devolución al Estado que siempre los tuvo en el abandono y la miseria? Devolución al Estado que masacró a sus familiares y los persiguió al punto de tener que buscar refugio en las FARC?. También causa risa ver las brigadas que armaron de manera rápida y ahí sí eficiente, de parte del ICBF para visitar las ZVTN y los PTN con trabajadores sociales, psicólogos, sociólogos, antropólogos y nutricionistas. Nada de médicos y pediátras, nada de medicinas ni alimentos para los menores.



Total, todo es una puesta en escena para mostrarse ágiles y eficientes en la recolección de información que pueda fortalecer su campaña anti-FARC en los medios de comunicación que manejan a su antojo. Fraternalmente invitamos a estas instituciones para que se comporten igualmente eficientes en la atención de los niños, niñas y adolescentes que sí requieren urgentemente la atención del Estado colombiano. Basta ya de teatros y parafernalias, de falsedades y puestas en escena, actuémos todos y todas para avanzar en la práctica por la implementación de los Acuerdos y la construcción de la Paz con Justicia Social para la Nueva Colombia.

Hemos firmado un Acuerdo de Paz fundamentalmente pensando en el futuro de las nuevas generaciones. Por eso, invitamos a todas las organizaciones de Derechos Humanos y de veeduría; organizaciones comunitarias, sociales y políticas; organismos defensores de los Derechos de los niños, niñas y adolescentes, a que exijamos al gobierno el cumplimiento de los Acuerdos, porque son éstos los que pueden garantizar un nuevo escenario de esperanza para las generaciones que construirán definitivamente y para siempre una Nueva Colombia.

Diego Miranda, Guerrillero de la Compañía Efraín Guzmán – Bloque Martín Caballero - FARC-EP

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