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El reconocimiento de la naturaleza como víctima del conflicto armado en Colombia, como condición necesaria para la reparación integral de las víctimas humanas de la guerra, y la implementación de una Comisión Ambiental de la verdad como garantía de reconstrucción de la memoria histórica de las afectaciones ambientales de la guerra, permitirían una aproximación ética a la posibilidad de reconciliación de la sociedad con la naturaleza.

En este contexto, una vez más, les reiteramos nuestra propuesta para constituir y poner en marcha una Mesa de Diálogo Interétnico (MDI) que sirva para dirimir nuestras diferencias y disidencias, unificar criterios, construir consensos y, guardando las respectivas autonomías, desplegar algunas acciones conjuntas en defensa de nuestros territorios. No sobra señalar que la propuesta para formalizar este espacio de diálogo y concertación entre pueblo Yukpa y comunidades campesinas viene siendo promovida también por la Defensoría del Pueblo y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH).

Los conceptos neoliberales promovidos durante más de 30 años aparecen otra vez en los Planes de Desarrollo departamentales y municipales de la región. Así por ejemplo encontramos que están orientados hacia la competitividad como valor supremo. Se trata entonces de sacar provecho de las ventajas comparativas y esto justifica la proyección de la región como plataforma para la exportación: “Programa Barranquilla capital logística de Colombia” hace parte del nuevo Plan de Desarrollo de esta ciudad

En la actualidad en La Guajira existe una crisis de acceso al agua, que la han querido mostrar como consecuencia de fenómenos naturales. La verdad es que en menos de 30 años las principales fuentes de agua se han contaminado, acaparado, despojado y controlado por la industria minera, agrícola y por los ganaderos.

Allá donde comienzan los Andes, en la Sierra del Perijá, camina la guerrilla de las FARC. Lo hacen de día, de noche, cruzando ríos, cimas y quebradas, siempre atentos a los aviones, que son, en combinación con los dispositivos de localización terrestre, aquello que más duramente les ha golpeado en sus cincuenta y dos años de guerra irregular. «La cosa funciona así: La inteligencia militar sabe que estamos acampados por aquí arriba.

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