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LA GUAJIRA, UNA SED QUE NO SE CALMA

La Guajira es uno más de los tantos departamentos olvidados en Colombia por parte del gobierno nacional. Los altos dignatarios del Estado solo se acuerdan de su existencia en las campañas electorales, y como siempre ocurre después que llegan al poder se olvidan que en éste hay cerca de un millón de colombianos, en su mayoría indígenas, que viven en medio de una sed que no se calma.
Y esa sed no se calma porque no haya agua en La Guajira; no se calma porque no haya recursos económicos para resolver el problema; esa sed no se calma única y exclusivamente porque en el departamento han elegido corruptos en los puestos de representación que les ha importado un bledo la situación del pueblo guajiro, y han utilizado sus posiciones solamente con el propósito de enriquecerse; en ese plano los gobernadores y diputados, alcaldes y concejales, así como los parlamentarios que en un momento dado han sido elegidos por esta circunscripción no han hecho nada.  


Veamos realidades: por el suelo del departamento hay varias cuencas hidrográficas que podrían resolver el problema de agua potable a los 15 municipios con todos los corregimientos y rancherías indígenas que existen, ya que en la Sierra Nevada de Santa Marta tienen su nacimiento ríos importantes como: El Palomino, El Río Ancho, El Río Jeréz, El Río Tapias, El Ranchería que como si fuera poco tiene una represa que lleva su mismo nombre; El Badillo, el mismo de la canción vallenata que interpretara magistralmente Poncho Zuleta, mientras que en la Serranía del Perijá hay un río muy importante El Marquezote, sin contar otras quebradas y arroyos de menor importancia que hacen parte de la riqueza hídrica del departamento. A esto se le puede agregar que, si existiera voluntad política para calmar la sed de los guajiros por parte de la clase gobernante, podrían instalarse plantas desalinizadoras que conviertan el agua del mar en agua potable y apta para el consumo humano.


Recursos ha habido en el pasado y en el presente los hay también, ya que los gobernantes han manejado los miles de millones de pesos producto de las regalías por la explotación del carbón que por décadas ha saqueado el Cerrejón. Estas debieron y deben ser utilizadas, por lo menos, en resolver el problema del preciado líquido para el departamento para que ante semejante destrucción ambiental a los guajiros les quede algo más que el socavón.


Por esta razón es más que justificado el llamado que organizaciones populares, indígenas, estudiantes, campesinos, ganaderos y comerciantes hicieron desde el 11 de agosto para realizar el Paro Cívico por la Dignidad de la Guajira, porque el departamento ha sido castigado por un dúo infernal integrado por las empresas multinacionales y la dirigencia política de los partidos tradicionales que ha administrado el departamento a través del clientelismo y la corrupción. En este caso la respuesta del gobierno sí fue inmediata. Según informa el Comandante de la Policía, Coronel Alejandro Calderón Celis, fueron enviados de forma inmediata más de 350 hombres del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), quienes se dispusieron a despejar de forma violenta las vías cerradas, fundamentalmente La Troncal del Caribe que se encontraba cerrada en cuatro puntos: Mingueo, zona rural de Dibulla; Puente Guerrero y Mayapo, zona rural de Riohacha; Cuatro vías, en Maicao; además de tomas en Albania, Fonseca y Villanueva al sur de La Guajira.


Desafortunadamente la respuesta al clamor legítimo del pueblo Guajiro sigue siendo la represión. Por eso cabe la pena resaltar una vez más, que el problema de los guajiros no es la sequía, ni la falta de agua, ni mucho menos los fenómenos naturales. El problema real e histórico de los guajiros es la desatención y abandono de parte del Estado, la nula inversión social y la explotación desaforada de los recursos naturales que causa consecuencias irreversibles en el medio ambiente.


No le ha importado para nada a la élite gobernante las necesidades que padecen los guajiros en educación, salud, vivienda, alimentación, desnutrición infantil, tierra, desplazamiento forzado; tampoco se han preocupado por resolver el grave problema de servicios públicos empezando por el agua que es fundamental en la vida humana, ya que ésta se ha convertido en un privilegio del cual solamente goza el complejo carbonífero del Cerrejón.


Ningún gobernante de la Guajira se salva de haber hecho una buena gestión, todos han salido de sus mandatos con más pena que gloria, pero eso sí con los bolsillos más llenos, mientras tanto los que andan en burro y no en “cuatro puertas”, indígenas, campesinos y pobres en general padecen necesidades que pueden ser resueltas si hay voluntad política o tan siquiera un poco de humanismo.
Ahora que el problema estalló, vinieron las promesas gubernamentales de construir pozos profundos y de desarrollar la otra fase de la represa del Ranchería, como lo más resaltante dentro de lo proyectado, pero promesas no es lo que necesitan los guajiros, los guajiros necesitan soluciones estructurales, resolver el problema del agua ya! pues esta no puede ser únicamente privilegio de unos pocos. El gobierno debe parar de manera definitiva el proyecto de desvío del río Ranchería de su cauce porque se afectaría el 40% de su afluente, lo mismo que parar la explotación de carbón en el Sur de la Guajira para evitar contaminar el único manantial de agua dulce que existe en Cañaverales.


Cabría preguntarnos ¿De qué sirve, que del departamento de la Guajira se exporten 32 millones de toneladas de carbón al año por parte del Cerrejón, si esto no beneficia a los guajiros sino a las multinacionales?¿En qué se invierten los más de 400 mil millones de pesos en regalías que produce la explotación del carbón, si en los quince municipios guajiros se carece de los más elementales servicios públicos? ¿Por qué el gobierno se da por enterado hasta ahora de la muerte por desnutrición de niños en la Guajira si esto está ocurriendo desde el siglo pasado? Llegó la hora de decir ¡basta! Es la organización, movilización y lucha, la que ayudará a resolver de manera definitiva los problemas que aquejan a los guajiros.

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