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Fechado en La Paz, Cesar, el 20 de julio de 2016, las Autoridades Yukpa de la Serranía del Perijá remitieron a distintos organismos internacionales una extensa comunicación en la que hacen una serie de planteamientos que de hacerse efectivos terminaría erosionando aún más los derechos de las comunidades campesinas y que significaría su expulsión de un territorio que habitamos desde finales de la década de los años cuarenta del siglo pasado. Entre los numerosos planteamientos que se hacen en la referida comunicación, especialmente nos llaman la atención los que a continuación se relacionan:

- Se tiende a identificar el llamado territorio ancestral del pueblo Yukpa con prácticamente toda la Serranía del Perijá ubicada en los municipios de Manaure Balcón del Cesar, San Diego, La Paz, Agustín Codazzi, Becerril y La Jagua de Ibirico.

- Se proponen restricciones y hasta prohibiciones al ingreso al llamado territorio ancestral del pueblo Yukpa de las misiones pertenecientes al Sistema de Naciones Unidas (SNU), al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), a la Defensoría del Pueblo (DP) y a la Cruz Roja Colombiana (CRC), respecto de lo cual manifiestan que “nuestro pueblo indígena no se hace responsable de los incidentes entre sus misiones en terreno con nuestra guardia indígena”.

- Se concluye que buena parte de los acuerdos alcanzados en La Habana, Cuba, entre el Gobierno nacional y las FARC-EP en lo referido al punto 1 de la agenda “Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma Rural Integral”, especialmente lo atinente a la creación de Zonas de Reserva Campesinas (ZRC), “afectan directamente nuestra supervivencia, cultura y usos y costumbres como pueblo indígena ancestral” a la vez que incrementarán “nuestras confrontaciones territoriales, puesto que desconoce nuestro territorio ancestral y la soberanía que tenemos sobre él”.

- Se exhibe una narrativa que pivota alrededor de la idea que el proceso de ocupación campesina de la Serranía del Perijá se inscribió en un contexto de “colonización armada” auspiciada por la insurgencia, refiriendo al respecto que “la guerrilla de las FARC-EP es una organización que apoyó parte de la colonización a territorios ancestrales indígenas en Colombia y en especial, junto con el ELN, el territorio ancestral Yukpa de la Serranía del Perijá”.

- Se enarbola el riesgo del “surgimiento de un nuevo conflicto armado por motivos étnicos y raciales en territorio ancestral Yukpa”, en caso de que no sean atendidas satisfactoriamente sus demandas y reivindicaciones, es decir, la “demarcación de nuestro territorio ancestral Yukpa” y la devolución de “los ríos Maracas, Casacará, Sicarare y Magiriaimo”.

- Se identifica al pueblo Yukpa como la principal y más importante víctima que el conflicto armado ocasionó en la Serranía del Perijá, señalando que soportó con mayor rigor los casos de desplazamientos forzados masivos, confinamientos, masacres, abandono y despojo de tierras, violencia basada en género, etcétera, que en la región tuvieron lugar.

- Se sitúa a las comunidades campesinas de la Serranía del Perijá como una suerte de punta de lanza del largo y complejo proceso de transformaciones y rupturas identitarias operadas en el pueblo Yukpa, hasta el punto de llegar a identificarlas como las causantes de su actual situación de marginación, exclusión y empobrecimiento.

- Se resalta como altamente positivo el apoyo brindado al pueblo Yukpa por un alto funcionario del Estado que en los últimos meses, con sus críticas a los procesos de restitución de tierras y en general a la ley de víctimas, ha terminado por legitimar los intereses de los despojadores de tierras y sus aliados, los cuales han empezado ya a movilizar el discurso de los “despojados por la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras” y campañas para que se vote negativamente el plebiscito de refrendación de lo acordado en la mesa de conversaciones de La Habana, Cuba.

- Se presenta una postura ambigua frente al proceso de diálogo que se lleva a cabo entre el Gobierno nacional y las FARC-EP en la medida en que, mientras por un lado, se afirma que el “pueblo Yukpa celebra con el resto de los colombianos los acuerdos de paz logrados en La Habana, Cuba” y se refiere con que se “está de acuerdo con que a las FARC-EP se les garantice el estatuto de oposición, se les proteja sus vidas y se les garantice su futuro y reencuentro con sus familias una vez se firme el acuerdo de paz con el gobierno colombiano”, por el otro, se expresa oposición a la ubicación de una zona veredal transitoria de normalización en una vereda campesina del municipio de La Paz, Cesar, a la vez que propalan que los acuerdos procuran sobre todo la “estabilización de colonos y campesinos en nuestro territorio ancestral, desconociendo las normas nacionales e internacionales que hay sobre la materia” y abrirle “paso a la sustracción incontrolable de las zonas de Reserva Forestal para priorizar el acceso a la tierras de los campesinos”.

El grueso de las propuestas arriba referidas infortunadamente se realiza apelando a un esencialismo nativista que busca una especie de restauración de la época existente antes que se diera el contacto desigual y asimétrico entre el pueblo Yukpa y los invasores europeos y a una visión sumamente idealizada y romántica de la identidad indígena que se asimila inequívocamente a todo lo “bueno”, “prístino” y “puro” que se enfrenta a un Occidente genocida, etnocida, ecocida y patriarcal, con lo que se simplifica un largo y complejo proceso histórico de confrontaciones, encuentros y desencuentros, desconociendo que las comunidades campesinas también hemos sido víctimas de la imposición de un sistema socioeconómico, razón por la cual hoy hacemos parte, al igual que el pueblo Yukpa, de los sujetos subalternos y expoliados de la sociedad.

Frente a las propuestas expresadas por las Autoridades Yukpa de la Serranía del Perijá, de la manera más respetuosa y solidaria, la Asociación Campesina de la Serranía del Perijá (ASOPERIJÁ) y la Mesa Regional de la Zona de Reserva Campesina del Perijá (MRZRCP), integradas por personas jurídicas y naturales, organizaciones de base, asociaciones productivas, agremiaciones de productores agrícolas y a distintas Juntas de Acción Comunal (JAC) de las veredas de los municipios de Manaure Balcón del Cesar, San Diego, La Paz y Agustín Codazzi, para la primera de las organizaciones, y de los municipios de Chiriguaná, Curumaní, Chimichagua y Pailitas, para la segunda organización, nos permitimos hacer las siguientes precisiones y observaciones:

1. La legitimidad que ciertamente le cabe a las demandas territoriales del pueblo Yukpa podría verse resquebrajada si para acceder a ellas pasa por encima de la existencia de otra territorialidad que se ha venido configurando tras más de medio siglo de presencia de comunidades campesinas en la Serranía del Perijá. Es claro que únicamente en la medida en que se reconozca la coexistencia de dos territorialidades distintas, la Yukpa y la campesina, es que se pueden trascender los conflictos y disputas territoriales que se han agudizado últimamente en la región. Las demandas territoriales del pueblo Yukpa y de las comunidades campesinas están tan estrechamente vinculadas que, hoy en día, la una no es posible sin la otra.

2. El llamado territorio ancestral del pueblo Yukpa es ante todo una construcción cultural determinada históricamente, razón por la cual éste se ha venido transformando, mutando y recomponiendo con el paso del tiempo. En ese sentido, sostener que el territorio ancestral es una categoría identitaria inmutable e inalterable no se compadece con las dinámicas sociales, políticas, económicas y ecológicas que se han venido escenificando en el territorio. Así las cosas, el territorio ancestral no es otra cosa que la imagen-objetivo del territorio propio que en un momento determinado define un pueblo, imagen-objetivo que para ser posible en un contexto multiétnico tiene que reconocer también, como ya se dijo, la territorialidad campesina.

3. Está muy bien que las autoridades del pueblo Yukpa decidan poner en vigor variadas estrategias de control y dominio territoriales en sus respectivos resguardos y zonas de ampliación, pero lo que ciertamente es una decisión a todas luces arbitraria y unilateral es pretender ejercer este control y dominio sobre un territorio con una presencia consolidada de comunidades campesinas, máxime cuando varias de ellas vienen desde hace tiempo realizando distintas actividades con organismos y entidades como, por ejemplo, la Defensoría del Pueblo (DP), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH), la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la Organización de Estados Unidos (MAPP-OEA) y la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), que cuentan con nuestra plena autorización para que ingresen a nuestras tierras y territorios.

4. Debemos decir que las restricciones y prohibiciones planteadas por las autoridades del pueblo Yukpa para el ingreso a la Serranía del Perijá de misiones y equipos adscritos a organismos internacionales y entidades estatales como la Defensoría del Pueblo, blandiendo el riesgo de la probable ocurrencia de incidentes con la Guardia Indígena, han generado zozobra y temor entre las comunidades campesinas de la región, especialmente en aquellas que de manera directa o indirecta han presenciado o conocido episodios de violencia derivada de conflictos interétnicos por la tierra y el territorio, situación que de no atenderse oportunamente bien podría desencadenar sucesivos desplazamientos forzados masivos, tal y como ya ocurrió en Becerril, Cesar, a mediados de junio de 2015 cuando las cerca de 83 familias Wiwa que habitaban el Resguardo de Dzwimke localizado en el sector de Campo Alegre y pese a ser dueños de su territorio, se vieron obligados a abandonarlo.

5. Si se parte, como se ha dicho, del hecho que en la Serranía del Perijá confluyen dos territorialidades distintas, la Yukpa y la campesina, que deben respetarse mutua y recíprocamente, las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) no buscan otra cosa que garantizar los derechos de las comunidades campesinas sobre aquellas tierras y territorios que ocupan, poseen y usufructúan desde hace varias décadas en la perspectiva de su pervivencia y permanencia en la región. En ese sentido, al igual que los resguardos indígenas, las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) pueden convertirse en una talanquera que impida la acumulación y acaparamiento de tierras por parte de las empresas mineras y de agronegocios. De esta manera con las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) las comunidades campesinas le apostamos decididamente a un ordenamiento territorial para la Serranía del Perijá en el que quepan todos, campesinos y Yukpa, sin exclusiones. Adicionalmente, cabe destacar que la conformación de una Zona de Reserva Campesina (ZRC) es, sobre todas las cosas, una decisión autónoma de las comunidades campesinas que demandamos la cristalización de derechos adquiridos en la Ley 160 de 3 de agosto 1994 y por la ocupación y posesión de nuestras tierras y territorios, de tal manera que no es el Estado ni mucho menos el pueblo Yukpa los llamados a definir sobre su constitución y ubicación.

6. La colonización campesina de la Serranía del Perijá antecede en varias décadas a la presencia insurgente en la región, por lo que es, a todas luces, equivocado inscribirla en un contexto de “colonización armada”. Huyendo de la “policía Chulavita”, aparato armado al servicio del régimen conservador, así como de “Los Pájaros”, verdaderos ejércitos privados de latifundistas, terratenientes y gamonales, las primeras oleadas de campesinos llegaron a la Serranía del Perijá a finales de los años cuarenta del siglo pasado, en tanto que las primeras noticias sobre la presencia insurgente tanto de las FARC-EP como del ELN se remontan a mediados de la década de los años ochenta del siglo XX. Afirmando que la presencia campesina en la Serranía del Perijá es fruto de un proceso de “colonización armada”, se pretende no sólo menoscabar la legitimidad de un proceso de poblamiento sino estigmatizar las propuestas de derechos territoriales enarboladas por las comunidades campesinas.

7. Cuando se instrumentaliza el temor ante el “surgimiento de un nuevo conflicto armado por motivos étnicos y raciales en territorio ancestral Yukpa” no se está haciendo otra cosa distinta que descargar exclusivamente la responsabilidad de los cada vez más numerosos episodios e incidentes de violencia interétnica que han tenido lugar en los últimos años en la Serranía del Perijá, justamente en las reivindicaciones que hemos estado formulando las comunidades campesinas para que nos sean legalizadas nuestras tierras. Dicho de otra manera, la causa de esta violencia interétnica se termina situando meramente en las pretensiones de las comunidades campesinas de permanecer y pervivir, con nuestra forma de vida y de producción, en un territorio que también hemos hecho nuestro, escondiéndose así las razones estructurales y subyacentes que la desata y configura.

8. Pese a que en los frecuentes episodios e incidentes de violencia interétnica que se han presentado en los últimos años en la Serranía del Perijá, los campesinos ciertamente hemos llevado de lejos la peor parte, habida cuenta que la inmensa mayoría de heridos y víctimas fatales de estas disputas y enfrentamientos se corresponden a campesinos de nuestras comunidades y han sido nuestros cultivos y ganado los que se han visto recurrentemente afectados por algunas acciones de expropiación y saboteo emprendidas por los Yukpa. Seguiremos insistiendo en que no podemos identificar al pueblo Yukpa como enemigo o adversario de las comunidades campesinas, sino, contrariamente, como un potencial aliado de inconmensurable valor en la lucha mancomunada que se debe librar por preservar la sostenibilidad y los bienes comunes de la región, hoy en día seriamente amenazados por la voracidad de un modelo de desarrollo fundamentalmente extractivista que siempre ha sido funcional a los intereses de las élites en el poder. Así las cosas, el pueblo Yukpa y las comunidades campesinas, como sujetos que hemos compartido una historia común de exclusión, empobrecimiento y precarización, tenemos problemas comunes que requieren soluciones conjuntas.

9. Los valores identitarios del pueblo Yukpa antes que ser un factor de vulnerabilidad se convirtieron en un significativo elemento de fortaleza que le posibilitó enfrentar desde una mejor posición los diversos problemas que, en el momento de mayor escalamiento de la violencia, implicó el conflicto armado; de tal suerte que en buena medida el pueblo Yukpa, principalmente a través del destacado rol desempeñado por sus autoridades, logró que los distintos grupos armados respetaran de alguna manera su territorio y sus comunidades, lo que se tradujo en que la violencia lo afectara periféricamente, al menos si se lo compara con las dimensiones alcanzadas en las comunidades campesinas que sobrellevaron de manera mucho más directa e intensa los rigores y embates de las acciones armadas. En ese sentido y para la región, las víctimas de las masacres fueron casi en su totalidad compuestas por campesinos; el objetivo preferencial de la larga cadena de homicidios selectivos ejecutados fueron campesinos; los desplazamientos forzados masivos tuvieron tal envergadura que la mayoría de veredas y centros poblados se vaciaron y las tierras quedaron abandonadas durante varios años; si se observa el perfil de las víctimas de la desaparición forzada se confirmará que son campesinos; como campesinos también lo fueron los niños, niñas y adolescentes reclutados forzadamente para la guerra; las víctimas, muchas de ellas menores de edad, de la violencia de género y de agresiones sexuales, fueron ante todo mujeres campesinas… En este contexto si se trata de identificar a los sujetos sociales que en la Serranía del Perijá fueron afectados mayormente por el conflicto armado, necesariamente hay que referirse a las comunidades campesinas.

10. Una evidencia de la magnitud de la violencia derivada del conflicto armado que hubieron de soportar las comunidades campesinas es que actualmente varias de ellas adscritas a la Asociación Campesina de la Serranía del Perijá (ASOPERIJÁ) y a la Mesa Regional de la Zona de Reserva Campesina del Perijá (MRZRCP) estamos adelantando, con la Defensoría del Pueblo y la contribución de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH), distintas actividades y ejercicios dirigidos fundamentalmente a buscar su inclusión en el Registro Único de Víctimas (RUV) y consecuentemente su reconocimiento como sujetos de reparación colectiva. De igual manera y en la perspectiva de dimensionar los impactos del conflicto armado en las comunidades campesinas la Asociación Campesina de la Serranía del Perijá (ASOPERIJÁ) ha comenzado a trabajar en procesos de reconstrucción de la memoria histórica para lo cual ha contado con el apoyo del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMG) y el Observatorio de Tierras, Territorios y Buen Vivir del Cesar de la Universidad Popular del Cesar (UPC).

11. En tanto el pueblo Yukpa cuenta con una sólida arquitectura jurídica inscrita en altos estándares internacionales y con una aceptable institucionalidad pública específica direccionadas a proteger y garantizar sus derechos colectivos y patrimoniales consuetudinarios, las comunidades campesinas fuimos ninguneadas en la Constitución Política del país y todavía no contamos con un reconocimiento como sujeto colectivo de derechos, si bien se han dado loables avances en algunas sentencias emitidas por la Corte Constitucional y otros importantes tribunales judiciales y apenas comienza a avanzar la discusión un proyecto de “Declaración sobre los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en zonas rurales” en el seno del Sistema de Naciones Unidas (SNU). Así las cosas queda establecido con meridiana claridad que mientras el pueblo Yukpa tiene un andamiaje jurídico e institucional al que puede acudir para procurar subsanar sus problemas más apremiantes, para las comunidades campesinas no sólo no existe nada similar sino que, contrariamente, las tendencias más fuertes que se están dando en las zonas rurales están siendo encaminadas a nuestra descampesinización y a la expulsión de nuestras tierras y territorios. Entonces si de identificar escenarios adversos se tratara, el que se ha configurado alrededor de las comunidades campesinas es sumamente crítico y preocupante.

12. Hay que decirlo: mal sabor ha dejado el hecho que las Autoridades Yukpa de la Serranía del Perijá, en su afán por exponer su oposición tanto a la ubicación de una zona veredal transitoria de normalización en una vereda campesina de La Paz, Cesar, como a la creación de Zonas de Reserva Campesina (ZRC) en la Serranía del Perijá, se hayan valido de un alto funcionario del Estado que en los últimos meses ha terminado siendo una suerte de vocero de sectores latifundistas, ganaderos y de agronegocios, sobre los cuales recaen serias sospechas de haberse beneficiado con el despojo de tierras y territorios, opuestos no sólo a los procesos de restitución de tierras sino a los acuerdos de la mesa de conversaciones de La Habana, Cuba. Infortunadamente en su pretensión de tener una caja de resonancia para sus planteamientos las autoridades Yukpa terminaron, de laguna manera, siendo manipuladas.

13. Debe quedar claro que desde la Asociación Campesina de la Serranía del Perijá (ASOPERIJÁ) al igual que desde la Mesa Regional de la Zona de Reserva Campesina del Perijá (MRZRCP) continuaremos trabajando sin descanso por la permanencia y pervivencia de las comunidades campesinas, por su reconocimiento como sujeto de derechos colectivos, por la formalización y legalización de nuestras tierras y territorios, por el fortalecimiento y reinvención de la Economía Campesina y por la construcción de un Buen Vivir para el campo.

14. Reconocemos y valoramos la contribución y acompañamiento que diferentes organismos nacionales e internacionales, instituciones públicas y la academia vienen haciendo en nuestros territorios, lo que ha servido sustancialmente al fortalecimiento de espacios democráticos y a la cualificación de las comunidades campesinas acerca de sus derechos. Es por ello que llamamos la atención de las autoridades competentes para que garanticen la seguridad e integridad de quienes se desplacen por la Serranía del Perijá y reiteramos nuestro compromiso con el trabajo iniciado así como la imperante necesidad de continuar con él, más aún en un escenario de postacuerdo. Todo este esfuerzo de trabajo colectivo ya ha dado importantes frutos, entre los que se puede destacar que en Curumaní, Cesar, el 29 de septiembre de 2016 tendrá lugar la Audiencia Pública para la constitución de la Zona de Reserva Campesina (ZRC) referida a la Mesa Regional de la Zona de Reserva Campesina del Perijá (MRZRCP), con lo que se sienta un hito de enorme trascendencia histórica para las comunidades campesinas de la Serranía del Perijá.

15. Intuyendo que próximamente se estaría abriendo en Valledupar, Cesar, una oficina regional dependiente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), la Asociación Campesina de la Serranía del Perijá (ASOPERIJÁ) y la Mesa Regional de la Zona de Reserva Campesina del Perijá, (MRZRCP), queremos desde ahora mismo darle nuestra más cálida y amistosa bienvenida a la Misión de Paz de la ONU y a su Mecanismo de Monitoreo y Verificación del cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de las armas (MMV), y, bajo el entendido que la construcción de la paz es un asunto que nos concierne e implica directamente, hacemos pública nuestra entera disposición de colaborar en lo que esté a nuestro alcance, ya que los territorios campesinos son territorios para la paz.

16. Finalmente queremos hacer un fraternal y solidario llamado a las autoridades del pueblo Yukpa para que ventilemos nuestras controversias y conflictos con altura y en un ambiente de respeto mutuo, evitando a toda costa la utilización de estigmatizaciones, falacias y posturas abiertamente excluyentes que pasan por encima de los derechos de los sectores subalternos, así como para que valoren propositivamente la posibilidad de encontrar en las comunidades campesinas a unas aliadas naturales en las luchas por hacer sostenible la vida de Yukpa y de campesinos en la Serranía del Perijá. En este contexto, una vez más, les reiteramos nuestra propuesta para constituir y poner en marcha una Mesa de Diálogo Interétnico (MDI) que sirva para dirimir nuestras diferencias y disidencias, unificar criterios, construir consensos y, guardando las respectivas autonomías, desplegar algunas acciones conjuntas en defensa de nuestros territorios. No sobra señalar que la propuesta para formalizar este espacio de diálogo y concertación entre pueblo Yukpa y comunidades campesinas viene siendo promovida también por la Defensoría del Pueblo y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH).

La Paz, Cesar, territorio campesino de la Serranía del Perijá, a 4 de agosto de 2016

ASOPERIJÁ ASOCIACIÓN CAMPESINA DE LA SERRANÍA DEL PERIJÁ

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