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INTRODUCCIÓN:

 

 

 
 

Sobre su origen, causas y consecuencias de su accionar se ha debatido y emitido conceptos de sociólogos, politólogos, violentólogos y todo tipo de estudiosos que tratan de colocar sus juicios como verdades categóricas que de una u otra forma traslucen una posición de clase, generalmente plegada a los intereses oligárquicos en los casos de aquellos que tienen los medios de las trasnacionales de la desinformación y de la linotipia del capital y el dólar a su disposición; o mejor, aquellos que están sometidos, sumisos a esas trasnacionales.

 
 

De cualquier manera, el carácter clandestino de la insurgencia, la censura oficial a sus acciones y pronunciamientos, ha impedido abrir caminos suficientes hacia el conocimiento del factor político que mayor peso como oposición ejerce sobre el sistema socio-político de injusticia y terror oficial imperante en Colombia.

 
 

Sobre la historia de la guerrilla, particularmente de las FARC, lo poco escrito y conocido en el mundo académico tiende a limitarse a los orígenes y desarrollos suscitados en el interior del país y especialmente alrededor de las legendarias crónicas del período heroico marquetaliano. Más allá de las tergiversaciones es casi nada lo que se conoce de las experiencias locales o regionales de la resistencia armada revolucionaria. Por ello, hoy, en momentos en que se debate sobre la vigencia y legitimidad de éste tipo de lucha en el mundo, dar al menos noticia breve y sencilla sobre las vivencias y puntos de vista de los protagonistas directos del fenómeno insurgente aporta elementos para la definición real de un hecho de tal trascendencia que se mantiene como esperanza de los oprimidos en la búsqueda de la emancipación.

 
 

Este trabajo de entrevistas y comentarios que se refieren a la penetración y desarrollo del movimiento fariano en la Costa Caribe, es una muestra de la dinámica que el conflicto político-social-armado va adquiriendo en un país agobiado por la miseria y la iniquidad impuesta por sus gobernantes. Él se constituye en un pedazo de la historia regional del Caribe, y al mismo tiempo en un muestrario de los motivos, dimensiones y proyecciones que las luchas sociales han alcanzado hasta el punto de mostrar que no es el militarismo, el guerrerismo y la perfidia del régimen lo que ha de acabar con el levantamiento armado. Éste proseguirá su ascenso mientras se mantengan las condiciones de injusticia social que las oligarquías han implantado durante décadas en detrimento de las mayorías populares.

 

Estos relatos y memorias no son más que un pequeño y modesto aporte para la construcción de la verdad en la definición de las causas que han generado la confrontación de clases en Colombia, que al momento de contrastar con el desenvolvimiento de las mentiras, los engaños, los fraudes que despliega la llamada guerra mediática del régimen fascista imperante puede brindar armas para el debate ideológico que conduzca al encuentro con una salida de paz que signifique real solución a los problemas sociales que subyacen en el fondo del conflicto que sobre todo padecen las mayorías explotadas y oprimidas.

 

Compatriotas Jesús Santrich y Solís Almeyda.

 

PRIMERA PARTE.

Tras las Memorias.

 

- En Busca de las Memorias: meditar en una caleta guerrillera escuchando la lluvia y aceitando el arma no es una imagen difícil en esta época turbulenta de Nuestra América; pues como bien lo decía el comandante Jacobo Prías Alape, en tiempos de tormentas lo único seguro es el fusil. El lodo, la humedad, cualquier pequeña o gran incomodidad no debe perturbar el alma de quien esté dispuesto a seguir la senda de la lucha por la emancipación. No siempre un guerrillero puede tener manera para disfrutar de un campamento en relativa quietud, como este rincón que acarician las lluvias de este mayo de luto. En medio de las vicisitudes siempre nos estará inspirando la alegría de tener el honor de combatir por los intereses de nuestro pueblo. Así que la marcha no ha de cesar; asear el arma, pensar, buscar nuevos caminos para avanzar…, soñar con toda la fe que da la estancia entre hermanos de lucha, guerreros del pueblo, caletas, trillitos y esperanzas; ¡ah, y barro, mucho barro!, pero a pesar de lo mucho no tanto como los nuevos proyectos. Este campamento incrustado en las montañas, entre rastrojos y quebradas, entre grandes árboles, colchado de fango y piedra..., trazado de flores y viento..., teñido de verde y nube, alberga un pedazo de la gesta de gentes humildes sobre sus botas y esperanzas, sudando utopías que se afianzan en el acero explosivo de los fusiles y de las ideas libertarias, tienen el juramento de vencer, tenemos el juramento de vencer…, y venceremos: Somos las FARC-EP, que hasta 1.982 eran sólo las FARC, sin el EP... y todavía ausentes de muchas partes de Colombia. Hasta la Séptima Conferencia de nuestra guerrilla, las huestes del comandante Manuel Marulanda Vélez aún no se arropaban al arrullo del Caribe. Esa posibilidad era sólo un proyecto. Hoy es una realidad. ¿Cómo se forjaron las FARC en un lugar de Colombia donde el Alto Mando Militar y el régimen fascista de Uribe Vélez proclaman su derrota y su inexistencia?

Esta es la inquietud de estos días de aniversario esperanzador en medio de la confrontación, en medio de la resistencia a las oligarquías y al imperio, en medio de la fe absoluta en el triunfo revolucionario, mientras nos preparamos para la realización de la Reunión del Estado Mayor del Bloque Caribe. La mejor respuesta a esta pregunta la tienen sus propios protagonistas que ahora, en éste campamento en el que nos congregamos para evaluar y proyectar trabajo, nos brindan la oportunidad de seguir abriendo trochas de búsqueda entre los recuerdos... En ésta idea comienza hoy la cita con las memorias farianas. ¿en que momento terminar?, ya veremos.

 
 

- Reflexiones Sobre las Memorias: Las FARC-EP han ido creciendo, desarrollándose cada día con mayor furor. Este crecimiento no es incoherente y sin objetivos. El surgimiento de cada Frente obedece al desdoblamiento -que no a la división- de otros Frentes que han cumplido un plan de crecimiento cualitativo y cuantitativo que implica el despliegue de bases sociales de apoyo suficientes para si y para la “nueva estructura multiplicante”, lo cual indica que cada nuevo Frente antes de surgir es parte y esencia de uno o mas Frentes anteriores, con suficiente desarrollo para si y que han hecho de una nueva fracción del espacio geográfico y social un espacio de control e influencia para hacer, mantener y desarrollar un nuevo embrión estructural en marcha sobre las directrices de un despliegue estratégico planificado.

 
 

La multiplicación y desarrollo de filas guerrilleras y su influencia obedecen a los problemas sociales que vive el país, a las contradicciones de clase generadas por la existencia de la cada vez más crecida brecha que separa al pequeño puñado de ricos que se lucra del trabajo y recursos del pueblo colombiano, de la mayoría de los pobres.

 
 
 

En fin, el movimiento guerrillero no es sino consecuencia de esa desigualdad social; es un sujeto más de la lucha contra la injusticia, un elemento más del turbión de descontento social que existe en Colombia y que ha obligado a miles de compatriotas a optar por la confrontación bélica contra un régimen ciego y sordo al clamor de justicia de quienes son “gobernados”.

 

Este proceso genérico de crecimiento, despliegue y desarrollo fariano se ha dado en todo el país con algunas características específicas en cada región, llevando siempre los elementos de contactación, penetración, enlaces de compromiso y consolidación del trabajo político-militar.

 

¿Cómo se da éste proceso en la Costa Caribe?, indudablemente que con el tesón de cada uno de los combatientes que destacados por el mando superior guerrillero, paso a paso, con el apoyo de amplios sectores populares han ido forjando el proyecto de ejército popular, en medio de dificultades y múltiples tropiezos, en medio de la dialéctica de hostilidades que en el entorno nacional y social impone sin tregua un régimen que ha actuado embebido de la Doctrina de la Seguridad Nacional, la cual en la actualidad se desenvuelve en Colombia como la nefasta Doctrina de Seguridad Democrática..

En cada momento y circunstancia de éste tránsito de lucha sobresale el batallar de las FARC-EP, como conjunto, como organización, pero en ello no solamente está el guerrillero, la unidad militar combatiente, sino el hombre como tal, con sus deseos, emotividades, frustraciones, proyectos y esperanzas. Esperanzas ingentes al rededor de metas que requieren un sacrificio sólo posible en el ser verdadero revolucionario.

 

Cada día es un nuevo reto, cada paso una nueva conquista, cada sueño un nuevo proyecto, cada esfuerzo un nuevo empeño para el triunfo.

 

- El Encuentro con las Memorias: En estos días cuando las tardes de mayo fueron dando paso a noticias de tiempos en los que se evidenciaba la ausencia física del Comandante en Jefe, el inolvidable Comandante Manuel, junio y julio se han convertido en meses de absoluta reafirmación de nuestras convicciones. Los días transcurren entre el duelo y la determinación creciente de lucha…; la trashumancia nos ha llevado de campamento en campamento hasta este rincón de la montaña donde los verdes filos de la cordillera se abrazan con la neblina; hoy especialmente, pareciera como si las aves raudas del ocaso nos trajeran un anuncio promisorio de victorias no lejanas. Hemos ya culminado nuestra reunión como evidencia tangible del avance del Bloque Caribe; el despliegue de quienes hasta aquí llegaron por las diversas trochas de la llanura, desde los montes de María, desde la Sierra Nevada, desde Perijá, desde las estribaciones de la serranía de San Lucas…, ha reiniciado y sobre la marcha se comienzan a escuchar las primeras acciones en la Guajira. Para ruina de nuestros opositores, las FARC, como un fantasma les aparece donde la han decretado derrotada y extinguida.

Opaca y fría la espesa borrasca suave que retarda las estrellas con sus citas de siempre con la noche, se adormece sobre caminos y casitas lejanas, tratando de posarse indiferente en la quietud tranquila de la montaña.

 

Un canto de pajuil abandonado se derrama agudo hiriendo el silencio breve del espacio, mientras la luna llena inicia su retorno inapacible hacia su sitio de siempre, de lumbrera eterna.

 

Ya en la penumbra, entre sombras difusas de arbustos y bejucos, el guardia del primer turno mira atento hacia el infinito, como escudriñando las entrañas de senderos de agua y tierra, de piedra y monte, de noche y brisa... y el relevante camina como hacia ninguna parte, dejando escuchar sus huellas que se quedan atrapadas en el lodazal de un aguacero de las 16:00. En el patio de formación, frente al aula armada con troncos de un ayer añejo, un pedazo del mundo es el recinto boscoso de hombres y mujeres que luchan por la libertad. Ahí, mientras los guerrilleros cantan sus alegrías en la Hora Cultural Recreativa del domingo de descanso, el camarada Solís Almeida, me ayuda para que la voz de los recuerdos rehaga los enmarañados caminos del pasado, siguiendo la pista de los momentos en que se inició la siembra guerrillera fariana en el Caribe colombiano.

No importa que día es hoy, algunas líneas se escribieron en el curso de mayo, otras en junio…, en julio; en diversos “ahoras y después”, que entre lluvia y sol seguramente transitarán hacia agosto cuando el tiempo por fin nos permita un rincón para culminar. En todo caso, en el ahora de este hoy que preferimos sin fecha está presente con fuerza la esperanza, incitándonos a iniciar la cita con estas Memorias Farianas, en búsqueda de las primeras experiencias de una gesta que arranca 1.982 y que 26 años después muestra sus frutos prolíficos inquebrantables.

 

Sentado en su rústica caleta de troncos, de tierra y hojas de montaña, abrazado por la tenue luz de una vela que compartimos sumergidos en la cordialidad de la buena fraternidad, Solís Almeyda recaba en lo más profundo de sus recuerdos para responder a este diálogo con CRB-VR, la Cadena Radial Bolivariana Voz de la Resistencia.

 

De Cimitarra al Perijá.

- Las Primeras Señas:

- JESÚS SANTRICH. Camarada Solís Almeyda, las FARC-EP han cumplido 44 años de lucha. Durante este tiempo se han presentado logros y dificultades, cosas positivas y negativas de las cuales se puede hacer un balance y precisar sobre lo que hoy es la organización y su proyección futura. Vamos, entonces, a realizar esta charla para hablar un poco de la historia de las FARC-EP vivenciada por ti que eres antiguo combatiente.

 

Comencemos por hablar sobre como fue tu vinculación a la vida guerrillera, sobre lo que te condujo a empuñar las armas precisamente aquí en las filas de las FARC-EP.

 

 

- SOLÍS ALMEYDA. Primero que todo mi saludo revolucionario, bolivariano, para todos quienes vayan a compartir estas palabras, y en especial para quienes combaten por la emancipación de los pueblos.

 

Voy a trasladarme en esta conversación un poco más atrás del momento por el que preguntas. Inicialmente yo entro a la Juventud Comunista de Puerto Boyacá, en aquel entonces un pueblo muy aguerrido de la región del Magdalena Medio, como por allá en el año de 1.973; habíamos llegado a ese municipio por los deseos de éxito de nuestros padres, quienes con el animo de salir adelante nos habían conducido por muchas partes del país probando suerte.

Recuerdo que en alguna ocasión toda la familia -mis padres y hermanos- estuvo hasta en el Meta después de haber salido del Valle del Cauca. Antes de estar por el valle estuvimos en el departamento del Cauca donde me bautizaron por allá en un pueblito que casi no se escucha nombrar llamado Mercaderes, municipio del Bordo.

 
 

Al llegar a puerto Boyacá encontramos muchas dificultades. Era un puerto al que llegaba mucha gente atraída por diversas razones. Una de ellas era la que nos motivaba a nosotros y de la que tanto nos hablaba mi papá: la de hacernos a un pedacito de tierra donde pudiésemos vivir... Mi padre soñaba con un lugarcito donde se pudiera cultivar, criar animales, y levantar la familia. Por otro lado, existía el atractivo de que ahí estaba una empresa gringa, la Texas explotando los pozos petroleros del territorio Vásquez, y la gente pintaba esa zona como lo mejor. A nosotros nos entusiasmó un familiar que nos visitó en los llanos y nos habló de muchas cosas entre las que destacaba que Puerto Boyacá era la berraquera..., la putería para el negocio, para el trabajo, y claro, con todas las necesidades que teníamos nos ilusionamos y nos trasladamos al lugar.

 

- J. S. ¿La familia tuya era pobre?

 

- S. A. Sí, era una familia bastante pobre y no tan grande, pues a pesar de los anticonceptivos, en esos tiempos en que las familias con muchos hijos era lo común, nosotros somos 3 hermanos con diferencia de 4 años cada uno. Yo soy el mayor. A pesar de que la familia no era tan grande nos tocó duro siempre. Como si nos tocara laborar para 10. Hasta que mi papá consiguió trabajo por los lados de Cimitarra uno de los municipios grandes que tiene Santander y así fue que nosotros, los hijos, nos quedamos estudiando en puerto Boyacá y vivíamos en casa arrendada. Los dos mayores estudiamos en la concentración Kennedy; ahí había un profesor que era miembro del Partido Comunista Colombiano y también funcionaba un centro de la Juventud Comunista (JUCO). Te estoy hablando aún de 1973 que es cuando se inicia mi militancia revolucionaria. Mi vinculación se da en el marco de una protesta que hubo por el asesinato de un miembro del Partido Comunista de apellido Pineda, a quienes los militares mataron en una región llamada Guanegro. A raíz de este hecho hubo en Puerto Boyacá una movilización enorme; el gentío marchó por la calle central desde la iglesia hasta el cementerio y yo me metí entre la multitud y me fajé a gritar consignas y a echar "abajos" al gobierno de Misael Pastrana, por entonces presidente de Colombia. El calor de la manifestación me jaló y allí me encontré con algunos compañeros de la Kennedy que eran de la JUCO.

Ellos ese día me vieron muy animado y a los pocos días me invitaron a una reunión a la que asistí e inmediatamente me acogieron como uno más de sus integrantes.

 

- J. S. ¿A la manifestación llegaste espontáneamente?

 

 

- S. A. Llegué de manera casual; resulta que yo iba era a jugar un partido de fútbol por ahí en el parque que queda en el centro del pueblo, en el Jorge Eliécer Gaitán; así se llama ese parque en Puerto Boyacá, en el que años después le hicieron un monumento al jefe paramilitar Pablo Guarín, a quien también conocí cuando viví por aquellas tierras.

Después de ingresar a la JUCO y por una huelga que hubo en los colegios dejé de estudiar; estaba terminando la primaria en ese momento y la decisión fue abandonar la escuela e irme para donde mi papá quien ya en ese momento se había vinculado al Partido Comunista. Por aquel entonces se desarrollaba una intensa lucha por la tierra en Santander y entonces él había dejado de ser un jornalero para convertirse en un recuperador de tierras y como la ilusión de tener una parcela era una constante en nosotros, le dije a mi madre que me iba para donde mi padre a conocer y a ayudarle un poco. Fui, me amañé y me quedé, de tal manera que al reiniciarse las clases no volví a la escuela.

Esa decisión traería consecuencias que marcarían para siempre mi vida, pues es para esos tiempos que tengo las primeras noticias de la existencia de la guerrilla.

 

A uno la gente le hablaba de “la región”, le decían: “aquí la región no acepta ladrones, la región tampoco acepta matones”. Eso fue en un pueblito llamado Dos Hermanos. En una ocasión, se escuchó una balacera en el pueblito, ahí estaba el ejército y claro, la balacera fue enorme. Al día siguiente se escuchaban los rumores de que la guerrilla se había metido y había hecho y desecho; del caso comentaba toda la gente cualquier cantidad de cosas que iban de lo real a lo absurdo. Lo concreto fue que en Dos Hermanos había un cabo que le gustaba tomar trago, entonces dos guerrilleros vestidos con ropa civil se metieron, lo mataron y le quitaron el arma, una carabina M-2. Pero lo mejor del caso fue que eso se hizo cerca de la caceta comunal, donde había como treinta “chulos” con los cuales tuvieron que enfrentarse “los muchachos”. El cuento es que durante la acción a uno de los guerrilleros se le trabó la pistola y al cantinero lo abrazó para tratar de desarmarlo, por lo que el otro guerrillero luego de matar al cabo, quitarle la carabina y de paso poner fuera de acción al cantinero con un disparo que no lo mató, lo dejó lesionado de por vida y a cada rato le daban pataletas. A éste, la gente del pueblo lo recriminaba y lo trataba de sapo.

 

La población comentaba, en medio de supersticiones, que los guerrilleros estaban “rezados” o trabajaban con el diablo o sabían cosas raras para que no les entrara el plomo, porque al momento de retirarse lo hicieron por una calle amplia, y mientras uno corría hacia una esquina a protegerse, él que había cogido la carabina combatía como a cuarenta metros con los chulos, ahí, sin cubrirse ni nada, en la m mitad de la calle.

 

La gente comentaba que el guerrillero que se había echado plomo parado en la mitad de la calle había actuado con tenacidad en un momento en que ya estando a cubierta un niñito se atravesó en la vía, y entonces él se salió de la trinchera, corrió hacia donde el niño, y mientras el ejército disparaba lo había recogido y metido en una casa. Esto era lo que más mencionaba la gente, comentándolo como un acto heroico que generó mucha simpatía en la población.

 

Los guerrilleros finalmente se salieron del pueblo y no se supo más de ellos. Dejaron a la gente admirada, sorprendida y rodeada de un ambiente de misterio que era muy común luego de cada acción que hacían. De la guerrilla sólo se sabía porque sucedían ese tipo de cosas, pero conocer de ellos no era común.

Entonces, fíjate, esos sucesos influyeron mucho en mi; además, por esos días yo me había vuelto a vincular a la JUCO, a un centro que se llamaba “Abel Rodríguez”, nombre de un dirigente revolucionario guerrillero que había estado por esa región en tareas de organización y que le dieron vida al Partido Comunista y a la JUCO. Al hombre lo mataron y en su homenaje se le colocó el nombre a aquel centro de la organización juvenil revolucionaria.

 

- El Ingreso.

- J. S. Tú conociste a la JUCO en Santander y poco tiempo después tienes conocimiento de la guerrilla a partir de los hechos acontecidos en Dos Hermanos; bien, pero traemos la idea de tu vinculación a las FARC, de la forma como llegas a la organización. ¿Qué sucedió luego?

 

 

- S. A. Claro..., mira, lo importante de todo esto es lo que deja en mi conciencia. En verdad uno como que admira este tipo de cosas y se me fue creando una imagen de la guerrilla, que era gente muy osada a la que yo tenía que conocer. A mi me quedaron unos deseos inmensos por tener contacto directo con la guerrilla.

 

- J. S. ¿Dentro de las filas de la JUCO o por intermedio de tu papá que era del Partido Comunista, no habías tenido algún contacto con la guerrilla?

 

- S. A. No, no había ese tipo de contactos. Mi papá sí conocía de ellos; de eso me doy cuenta más adelante.

Yo vengo a tener un contacto directo con la guerrilla en 1.974, precisamente en la finquita que ya nosotros teníamos. Recuerdo que un día muy temprano los logré ver; les había cogido el día para llegar al sitio donde se quedaban habitualmente. Resulta que ahí en la finquita nuestra, en la tierra que habíamos recuperado, tenían un pequeño campamento dentro de un montecito el cual yo había visto y que resultó ser un “quemadero”, a orillas de un caño cercano al del que nosotros cogíamos el agua; yo me había percatado de unos sentaderos, de un caleteadero, pero no le había parado bolas, pues uno no andaba prevenido de nada.

 

Así, el día que conocí a los guerrilleros yo me había levantado en la mañanitica porque el perro mío, al que llamábamos Terror, salió latiendo como si fuera a morder a alguien. Me puse en pie y me dirigí hacia afuera, y claro, encontré a mi papá extendiéndole la mano a un hombre armado, vestido de verde oliva, con sombrero verde de pelo y un barbuquejo hecho con ramales de cubierta de machetilla. Con él iban otros con ese atuendo característico también.

 

Al ver esa cantidad de gente armada, inicialmente pensé que era la policía, aunque luego observé bien las botas, los equipos, en fin..., el estilo que tenían no era de policías; pero bueno, yo no sabía de la guerrilla sino los rumores misteriosos que manejaba la mayoría de la gente. Ahí, luego, ellos nos dieron una charla. Recuerdo que el guerrillero que nos habló fue asesinado una semana después; se llamaba Álvaro Valladares, y en homenaje a él crearíamos en la región un centro de la JUCO.

 
 
 

Con la charla que nos di Álvaro, quien era el comandante de esa comisión, comenzamos a tener mejor manejo de cómo se tenían que dar las relaciones con ellos, ya que nos recomendaron no decir a nadie que por ahí andaba la guerrilla, ni que habíamos visto nada. Todo tenía que ser muy clandestino. La guerrilla comenzó a tener más confianza en la casa, yo me fui compenetrando más con ellos y al mismo tiempo me dediqué con más ánimo a mi actividad como organizador de la Juventud Comunista.

 

- J. S. ¿En la charla con Álvaro sólo hablaron del manejo de las relaciones con ellos, con los guerrilleros?

 

- S. A. En parte fue sobre eso, pero el tema principal era la campaña electoral y la situación política por la que atravesaba el país. En ese momento estaban en campaña presidencial los candidatos de la oligarquía Álvaro Gómez Hurtado y Alfonso López Michelsen, y los compañeros se refirieron a eso. En la charla estuvieron también mi hermano, al que le llevo cuatro años, y mi hermanita menor. Todos nos convertimos posteriormente en “gariteros”. Así se les llamaba a los muchachos que le llevaban la comida a los guerrilleros al lugar donde se escondían.

 

Nosotros hacíamos esa labor con mucho cuidado, sin que se dieran cuenta otros recuperadores de tierra vecinos del rancho. Disimuladamente nos mandaba mi papá con la olla de comida por el caminito que conducía al caño, como haciendo ver que íbamos a coger agua. Esto no sucedió muchas veces, pero me dio la cobertura para dialogar con otro guerrillero al que llamaban Olimpo. Él me habló de cómo había sido el surgimiento de la guerrilla y me comenzó a motivar para que ingresara a filas.

 

En el año de 1.975 yo decido ingresar a la guerrilla -yo tenía 15 años- entonces le hago el planteamiento a la Dirección de la Juventud Comunista de Puerto Boyacá que era la que dirigía el trabajo juvenil en el que estaba incluido Puerto Guevara, que aunque estaba ubicado en jurisdicción del municipio de Cimitarra, departamento de Santander, allí el trabajo del Partido y el de la JUCO lo orientaba el Regional de Puerto Boyacá. La respuesta fue negativa; la JUCO no quería que el trabajo organizativo del cual yo participaba se fuera al suelo. Así que yo seguí impulsando el desarrollo de la organización juvenil y me integré a la lucha por la tierra. A medida que se hacían nuevas tomas de tierras se iban creando centros juveniles; fundamos el centro “José Romaña Mena” que fue un compañero dirigente del Partido y concejal por la Unión Nacional de Oposición (UNO) asesinado en Cimitarra. Entre otras cosas, el candidato presidencial de la UNO, era Hernando Echeverri Mejía.

Otros centros creados fueron: el “Josué Cabanzo” en memoria de otro concejal de Cimitarra que mataron después de Romaña; el centro “Tobías Lamus” en homenaje a otro miembro del Partido y concejal del municipio de Landázuri; el centro “Salvador Allende”, etc. Así fuimos expandiendo la JUCO y yo me fui proyectando como uno de sus dirigentes locales, pero eso sí mis relaciones con la guerrilla no se esfumaron, por el contrario, se fueron haciendo más intensas. En alguna ocasión conocí a un guerrillero que se llamaba Raúl, con quien logré entablar amistad y al que resolví pedirle mi ingreso a las filas de las FARC. En esos días la JUCO me había escogido para asistir a una Escuela Nacional de formación política en Bogotá. Mi papá andaba haciendo las vueltas con el Partido Comunista para lo de los viáticos del viaje, la estadía en Bogotá y todas esas vainas.

 

Cuando el regresó a la casa yo ya no estaba. El día que los guerrilleros me recogieron faltaban ocho días para irme al curso o escuela política. Eso no fue sencillo; ya transcurría el año 1.977.

 

- J. S. Hace un rato tú mencionabas que algunos centros de la JUCO tenían nombres de guerrilleros. Existía alguna relación entre la JUCO y la guerrilla, o era simpatía solamente?

 

 

- S. A. Mira, era un fenómeno algo raro, pues la relación en realidad si existía no obedecía a un vínculo formal. Pero pese a que la guerrilla no era algo que se conociera mucho públicamente, la simpatía de los jóvenes revolucionarios era muy especial, más cuando el movimiento armado hacía su trabajo propagandístico, ideológico y político en la juventud de esa región. La guerrilla distribuía propaganda que nos servía de material de estudio y nosotros aprovechábamos para de allí dictar charlas y conferencias a otros jóvenes y estudiantes. Además, estaba presente el nombre de Hernando González Acosta, un joven comunista que precisamente había muerto combatiendo en las FARC -un centro nuestro llevaba su nombre-, entonces bajo esas circunstancias, leyendo textos como “Cuadernos de Campaña” del comandante Manuel Marulanda, el “Diario de la Resistencia” del camarada Jacobo Arenas, con lideres como Hernando, con la presencia en la zona de los guerrilleros, sus combates con el ejército y la policía y muchos otros influjos, los jóvenes veíamos a las FARC como una proyecto grandiosa, y fue así como muchos de nosotros nos casamos con sus ideales para luego, con el paso de los días, ir a engrosar las filas del Cuarto Frente. Sí, casi todos ingresamos a las FARC; particularmente yo tenía una gran convicción que había sido nutrida además en una escuela de formación política regional a la que como preparación para la Escuela Nacional de Cuadros de la JUCO había sido delegado. En esa escuela, uno de los instructores, recuerdo, nos había dicho que cuando el espacio abierto para la acción política se nos cerraba, la única opción que quedaba era tomar el camino de la lucha armada, y el ejemplo para quienes tomaran esta determinación era el de Hernando González.

 

- J. S. ¿El ingreso te lo da Raúl?

 

- S. A. Le había pedido el ingreso a Raúl, pero no fue el quien me recogió; aún con lo buenas que eran mis relaciones con la guerrilla yo no sabía bien como era ese asunto del ingreso. Yo creía que a quien uno le pedía el ingreso, ese lo recogía y con él era que uno andaba. Pero no era así, a mi me fue a buscar un guerrillero al que llamaban Germán con otro camarada llamado Hermes. Ambos viven, Germán ahora se llama Pedro y Hermes es integrante del Estado Mayor del Bloque del Magdalena Medio. A Hermes ya lo conocía, éramos vecinos de la misma Región y además él era dirigente del Partido Comunista. Entonces ellos dos llegaron y me hablaron sobre el asunto del ingreso. Venían recogiendo otros ingresos y traían ya a otros muchachos también conocidos. Alberto y Bolívar se llamaban. Total, yo en ese momento como que dudo al no ver a Raúl en el grupo de los guerrilleros.

 

Ese día mi mamá estaba donde una vecina lavando la ropa; el caño se llamaba San Juan. Allá el agua era más abundante y había más comodidad que donde nosotros desde tiempos anteriores en que una quema que alguien hizo para cultivar había casi secado el cañito que pasaba por la casa. Entonces Germán llega y ahí estaba yo con mis hermanos, saludaron, me plantearon lo de mi ida. Yo quedé sin saber qué decir hasta que pensé: “bueno, al fin y al cabo yo mismo pedí el ingreso a las FARC, así que no importa quién venga a buscarme; tengo que irme”. Rápidamente alisté todo y le dije a mis hermanitos que fueran a llamar a mi mamá porque yo me iba para la guerrilla. ¡Te imaginarás cómo fue eso, se armó una catástrofe!

 

Mis hermanos se fueron llorando para donde mi mamá..., cuando al momento ya venía ella dando gritos. Yo tenía ya el maletín listo con lo que me dijeron que llevara: la ropa interior, mínimos útiles de aseo personal y una muda de ropa fuera de la que llevaría puesta.

 

 

 
 

- J. S. ¿Entonces se te formó un drama familiar?

 

- S. A. Sí, un drama familiar inmenso. Mi mamá me dice que ¿cómo así?, que por qué me voy, que mi papá qué irá a decir, que mis hermanitos cómo van a quedar..., y en fin, me dice muchas cosas para tratar de disuadirme. Ella también pertenecía al Partido Comunista y era presidente del Comité de Unión de Mujeres Demócratas de la Región, así que trató de convencerme diciéndome que pensara en el daño que le iba a hacer a la JUCO abandonando el trabajo organizativo. Ya en ese instante los guerrilleros se habían ido, no quisieron esperar a mi mamá porque imaginaban que iba a tener esa reacción, pues ellos la conocían bien, sabían que era una revolucionaria firme, pero que como a toda madre le golpearía que un hijo se le fuera para la guerra. La verdad es que era una situación incómoda para todos y por ello optaron por ir a esperarme a otra parte. Cuando mi mamá trataba de convencerme yo no tuve más palabras para hacerle cambiar de opinión y que aceptara mi decisión, así que lo único que se me ocurrió decirle fue “no, pues a mi me están esperando en tal parte, vaya a hablar con los muchachos”. Tocaba subir a una casa que estaba como a una hora y luego subir por una lomita otros 15 minutos. Ella, toda desesperada, subió fue corriendo acompañada de mis hermanitos y desde que llegó fue llorando y diciéndole a los guerrilleros que cómo así que me iban a llevar a mí precisamente, que eso no podía ser. Con esa situación así, entonces los guerrilleros me tiraron de nuevo la pelota a mí que estaba dialogando con la dueña de la casa, con su hija que se llamaba Luz, que también era de la JUCO, y con su hermano Alfonso con quien éramos muy buenos amigos. Él ingresó después y lo mataron al poco tiempo. Ese día me decía el muchacho “arranque hermano, eche p’alante que más atrás voy yo”. Entonces la señora de la casa, Dora se llamaba, también se puso a llorar. Fue entonces cuando me llamaron los guerrilleros y me dijeron delante de mi mamá: "ella plantea que mejor usted piense bien las cosas". Pero eso era como para apurarme a que me definiera sin titubeos y luego preguntaron que cuándo había pedido el ingreso, y claro, yo hacía dos años que había planteado el asunto, pero mi mamá no lo sabía, así que al enterarse de eso por mi propia boca lloró más y me dijo que como le podía haber hecho ese mal.

Claro, a los padres de uno les tiene que dar muy duro una situación de esas. Ellos saben o intuyen que la guerra es cuestión de vida o muerte, por lo que es apenas natural que ellos no quieran ese destino para sus hijos.

 
 

Finalmente los guerrilleros me dijeron “bueno, usted es el que define si ingresa o no, decídase”. Humj, y por el otro lado mi hermanita agarrándome de la correa y mi hermano de un brazo... y yo todo confundido: ¡qué dilema! Tomé ánimo y expresé: “bueno, yo les dije a ustedes que me iba y me voy”. Ellos dijeron que le reafirmara eso a mi mamá.

 

- J. S. ¿Tú no tenías bien meditada tu decisión?

 

- S. A. Sí, lo que pasaba era que por muy firmes que fuera las convicciones revolucionarias, ese mismo hecho de firmeza en los principio le siembra a uno un amor muy grande por la familia. Eso es todo un dilema porque uno no quisiera hacer sufrir a nadie, pero quiérase o no, al momento de tomar la determinación de la lucha guerrillera la mamá, el papá, los hermanos..., los que lo quieren y estiman a uno sufren mucho y eso no se puede evitar. Así que a mi me toca recurrir al argumento de la justeza de la lucha, de la palabra empeñada y del compromiso revolucionario.

 

A mi ya casi se me desgajaban las lágrimas, por lo que haciendo un gran esfuerzo para que la voz no me temblara mucho, le dije a mi mamá: "Mire, la decisión que he tomado ha sido precisamente porque ustedes mismos, con su vinculación a la lucha revolucionaria, son los que me han ido señalando cual es el camino a seguir. Yo voy a ingresar también porque durante todo éste tiempo he empeñado mi palabra al movimiento guerrillero y no voy a quedar mal ahora".

 
 

Eso cambió un poco las cosas y permitió que mi mamá accediera. Allí se presenta un detalle muy lindo y es el de que mi mamá me colocó mi primer nombre de guerra: Arley. Resulta que cuando ella se unió a mi papá y salió embarazada, él decía que si era niña se iba a llamar María Lilia en memoria a una hermanita de él que había muerto y, mi mamá, por el contrario decía que si era varón su nombre sería Arley. Total nací yo, ella tenía 17 años y él 18, y lo que sucedió fue que él terminó haciendo primar su opinión y me colocó el nombre de Abelardo, que entre otras cosas no es problema decirlo porque eso lo sabe hace muchos años el ejército. Ahí no valió que mi mamá ganara la apuesta de poner el nombre si el primer hijo era varón. Mi madre le refirió brevemente ésta historia a Hermes y él, como para darle más ánimo le dijo: “compañera, usted tendrá el honor de colocar el seudónimo de guerra a su hijo y él lo va a llevar con altura, con orgullo y cariño”. Ella, resignada, aceptó.

Luego de eso me llamaron aparte para decirme algo y fue entonces cuando yo me sentí ya un guerrillero. Hermes me preguntó que si conocía hacia determinado sitio por donde vivía un señor al que llamaban “Sangrenegra”, de apellido Hernández. Y claro, yo había caminado por toda esa región, por lo que dije que sí y enseguida me manifestaron los compañeros que yo sería el guía, la vanguardia, que nos despidiéramos y partiéramos.

 

Nos despedimos todos de cada uno de los allí presentes y cuando Germán dijo “nos vamos” se armó el llanto en toda esa casa, pues la gente de ahí me estimaba mucho y por eso la vaina se hizo más dura, muy sentimental; cuando abracé a mi mamá ahí sí se me salieron las lágrimas, más cuando observé a mi hermanita llorosa, aferrada a mi correa y a mi hermano también lamentándose y llorando. No me tocó más que llenarme de ánimo, despedirme e irme. Había que subir unos cien metros para perder de vista la casa y yo apresuré el paso. Esos cien metros se me hicieron interminables, trataba de devorarlos rápido mientras escuchaba los gritos de mi mamá y de mis hermanos. Cuando llegué al punto donde debía comenzar a descender no tuve valor para mirar atrás. Sólo cuando dejé de escuchar el llanto de mi familia me tranquilicé un poco y se me fue quitando la impresión que tenía.

Ese día llegamos a la casa del llamado “Sangrenegra” y al día siguiente muy temprano nos dirigimos hacia otro lugar, pero siempre enrutados camino a la montaña... ¡Comenzaba mi vida como guerrillero!

 

- Las Primeras Experiencias:

- J. S. Cuando se emprenden nuevos caminos, desde el principio se presentan, naturalmente, las nuevas experiencias que van acumulándose en la conciencia del individuo y moldeando su personalidad para su marcha por el destino. ¿Cuáles son los acontecimientos de aquellos días que más recuerdas y que influyeron en tu formación como guerrillero?

 

 

- S. A. En aquella primera marcha de mis primeros días de guerrillero ingresó otro muchacho que era amigo mío. Él estaba trabajando en una finca y la comisión de Hermes y Germán lo buscó para que nos explicara una ruta. Lo abordaron y le dijeron: “hermano, ¿usted no conoce una trocha que va a la Chisposa?”. “Claro –dijo-, pero por donde ustedes van tomando camino queda muy lejos. Por aquí cerca hay otra trocha por donde se va más rápida. Yo tengo que pasar por ahí y los puedo guiar”. Nos fuimos y como yo seguía a la vanguardia me fui un poquito detrás de Carlos que era como se llamaba el muchacho. En el camino me preguntó que si era que yo había ingresado a la guerrilla. Como éramos amigos yo no dudé en decirle que sí y entonces él se emocionó por completo y me dijo: “pero cómo así que usted no me había dicho nada y ya se va”. “Claro, yo ingresé hermano”. Resulta que yo con él había hablado para armar un centro de la Juventud Comunista y para esos días estábamos por estructurarlo, así que al verme a mí camino a la guerrilla como que se entusiasmo del todo: “yo también voy a ingresar”. “Bueno, le dije, hable con Hermes o con Germán que son los mandos”. Efectivamente, más adelante habló con ellos y como estaban en reclutamiento y el muchacho era no sólo conocido sino amigo mío enseguida lo reclutaron.

 

Ése mismo día me tocó dar a mí la primera charla como guerrillero. Resulta que donde llegamos era la casa de los padres del reemplazante -segundo al mando- del Cuarto Frente, de Mario Gómez. Me llamaron y me dijeron que me preparara para que diera una charlita política en la noche. Me orientaron que debía hablar presentando primero un saludo a nombre del Cuarto Frente de las FARC...

 

- J. S. ¿Ya estabas involucrado totalmente?

 

- S. A. Claro..., Ya p’trás ni p’a coger impulso. Esa fue mi primera experiencia de una charla guerrillera apenas a los dos días de haber ingresado. Comenzaba a poner en práctica el más común y efectivo procedimiento de contacto y compenetración entre guerrilla y masas.

 

 

 

- J. S. ¿Por la experiencia que tenías de la escuela comunista me imagino que no se te hizo muy difícil?

 

 

 
 

- S. A. No, no se me hizo muy complicado; hablé ahí fundamentalmente de lo que más dominaba que eran aspectos concernientes al Paro Cívico de 1.977. En concreto dije que el paro era contra el "mandato caro", porque como estaba gobernando López Michelsen y su lema era el “Mandato Claro” nosotros le desfigurábamos la palabra en nuestro trabajo de agitación para desprestigiar al gobierno. También toqué algunos aspectos sobre la lucha armada, pero como yo no tenía mucho conocimiento del tema tomó la palabra Hermes, y él si, con mucha claridad, tiró toda la línea, porque entre otras cosas había hecho un curso nacional del Partido Comunista antes de ingresar y eso le daba cierto manejo de los asuntos políticos. El hombre tenía una buena formación en este sentido.

Ése día quedé muy motivado por que pensé que la vaina estaba como buena, uno como que había llegado a contribuir en algo a la organización, a aportar de verdad al proceso.

 

De allí continuamos la marcha hacia la Chisposa y luego proseguimos hacia un lugar que se llama “Cabecera de la Corcobada”.

 

- J. S. ¿Me estás hablando del departamento de Santander?

 

.- S. A. Sí, del Santander. Ahí recogimos otros dos muchachos; a uno lo llamamos Fabián y al otro, por iniciativa mía, le colocamos como se llamaba un primo mío, Élder. El mismo Hermes me había dicho que definiera el nombre del muchacho y yo inmediatamente le había dicho que le colocáramos Elder. Y listo, así le colocaron. Yo creí que ya estaba definido el asunto, pero cuando llegamos a donde estaba otro grupo de guerrilleros comenzó la mamadera de gallo; todos, como habiéndose puesto de acuerdo, comenzaron a llamarlo no Élder sino Élver; pero además le agregaron apellido y entonces lo llamaban era Elvergonzales. Así, bien junticos y resaltaditos el nombre y el apellido. Y claro, esto le daba rabia al hombre, así que le hicieron cambiar el nombre por Florentino. Esa fue mi primera “frustración” (risas).

 
 

A los dos días de ingresar las vainas se pusieron bien duras porque hasta ese momento no habíamos pasado situaciones muy incómodas, pues se dormía en las casitas de los campesinos, bien abrigaditos; Pero a partir de la tercera noche dormimos en el monte y fue entonces cuando me di cuenta de que la vaina era en serio, que la vida guerrillera no era cómoda: primero que todo nos tocó marchar en medio de un palo de aguacero; además, no había sino dos carpas de techo y nosotros ya íbamos ocho: Hermes, Germán, Alberto, Bolívar, Fabián, Élder -ya rebautizado como Florentino-, Edelfín y yo, así que para marchar y dormir nos tocaba compartirlas. Cuando parábamos la marcha, ya entrada la noche, a los que tenían hamaca que eran sólo tres (Germán, Hermes y Alberto), les tocaba “camburiar” (colgar e los mismos palos una hamaca debajo de otra a cierta distancia mínima), bajo una misma carpa. El resto, cinco en total, nos metíamos a dormir en el suelo. Nos tocaba hacer cama tendiendo rastrojo mojado como para no tener que tirarnos sobre el sólo barro; sin embargo el agua nos seguía cayendo y eso, hermano, inundó la caleta, ¡Hijueputa! y ahí si me di cuenta de que estaba en la guerrilla. Prestábamos el servicio de la guardia mojándonos, todos, pues no había turno en el que no lloviera.

A la mañana siguiente, sin embargo, nos levantamos con mucho ánimo, nos bañamos para quitarnos el barro y pusimos a secar las cosas en un potrero. Luego seguimos la marcha hasta el campamento. Llegamos ese mismo día. Allí conocí al camarada FRANCO, que era el comandante del Cuarto Frente. De él había escuchado hablar por toda la región; la gente hablaba de “El Cucho”, de Franco, con mucha familiaridad, como si todos lo conocieran. En las noticias radiales, también, varias veces se escuchó que el ejército tenía cercado al “Teniente Franco”.

 

- J. S. ¿Así lo llamaban, “Teniente Franco”? Háblame un poco más de él.

 

- S. A. Sí, la radio dijo varias veces que el ejército tenía cercado al “Teniente Franco”. Alguna vez, incluso, oímos la noticia de que lo habían matado.

 

El día que arribamos al campamento un hombre gordo llegó al patio de formación y nos saludó a todos. Todavía yo desconocía que era Franco, pero al ratico me di cuenta que era él, el comandante. En esos días también conocí a Ricardo, y te voy a contar esta anécdota: resulta que algún tiempo después de mi ingreso, en el Magdalena Medio se escuchaba hablar de Ricardo Franco como si se tratara de una misma persona, pero eso no es correcto; Franco era uno, el comandante del Frente, como ya te dije, y Ricardo era el tercero al mando. La confusión la generó el ejército, los militares, que creían que Ricardo Franco era el nombre del comandante del Cuarto Frente. Ese error transcendió a la población civil y llegó a ser tan generalizada la equivocación y la fuerza de la costumbre tan jodida que esto se impuso y aún hoy día mucha gente, inclusive guerrilleros antiguos en las FARC, desconocen la verdad y la historia de cómo se modificó el nombre de Franco. Es más, el Cuarto Frente de las FARC llegó a tomar por nombre el de Ricardo Franco.

 

-J. S. Interesante aclarar esto; éste testimonio tuyo tiene un gran valor. Y bien, continuemos. ¿Ustedes llegan con sus nombres de guerra, nadie se conocía entre si el nombre civil?

 

 

 

- S. A. Ahí nos encontramos con otros ingresos, porque eso fue un reclutamiento que hizo el cuarto Frente en toda la región, así que algunos nos conocíamos de tiempo atrás, pero otros era la primera vez que nos veíamos y es por ésta razón que no todos sabíamos los nombres civiles. Los muchachos que llegaron antes que nosotros, unos días antes, se llamaban ya por su nombre de guerra: Julio, Gladys, Erasmo, Franklin, Omar..., entre otros. Algunos de una región que llaman El Marfil y otros de Caño Negro, en Boyacá.

En total éramos once ingresos a los que nos decían “petos”, apodo con que se denominaba antes a los guerrilleros nuevos.

 

A un guerrillero llamado Aldemar lo pusieron a que le diera a la “petamenta”, a nosotros, instrucción de orden cerrado. Esa era una tarea de todo el día, lloviera o tronara, no importaba el estado del tiempo, nuestra tarea era “boliar” codo, o sea marchar, girar, correr, trotar, hacer gimnasia, etc.

 
 

Hermano, una de las vainas que yo no sabía era ranchar, cocinar, ya que en la casa escasamente había hecho una que otra agua e’panelita caliente, pero eso de hacer arroz, cocinar frijoles, preparar pasta, lentejas..., de eso si no sabía ni mierda. Yo formaba en la segunda escuadra, atrás de la primera - ahí había guerrilleros antiguos y “petos”- y esto me permitía esconderme detrás de un guerrillero grandulón que formaba adelante; cuando al ranchero lo escogían lo sacaban mirando a la gente en la formación, así que yo me le escondía al mando detrás del grandulón para que no me fuera a tocar la rancha. Yo mismo me decía cuando escogían a otro: “!no joda, estoy de buenas!”, y no era porque me diera flojera, pereza, desempeñar esa tarea, lo que me daba era miedo, temor a hacer las cosas mal. Pero, hijueputa, ese fue mi peor error porque no aprendí a cocinar allí donde llegamos los nuevos a aprender y en donde se podía superar con menos dificultad esas deficiencias; entonces, lo vine a hacer cuando nos sacaron a hacer las primeras prácticas de “orden abierto”; es decir, cuando salimos a marchar por los montes, a hacer simulacros de asaltos, emboscadas, para ver cómo reaccionaba uno y toda esa vaina. Resulta que en esas me nombraron ranchero y tenía que hacer la comida en el rastrojo, pues estábamos era en curso y así era como debía ser. ¡Imagínate!, cuando llegamos a ese sitio acababa de llover y la leña, claro, estaba más mojada que el carajo. Para colmo de males se desató otro palo de lluvia que terminó de joder la leñita que se conseguía. El aguacero no paró en toda la noche. Además, cuando guindé la hamaca que ya me habían dotado, por tener una carpa de techo muy pequeña el agua me chispeaba y me mojó todo. Casi no pude dormir las primeras horas de la noche, que entre otras cosas eran las únicas que tenía para medio descansar hasta la hora de levantarme para ranchar. No dormí mejor dicho nada, la mojada y el frío no me dejaron pegar ojo. Yo había pedido que me levantaran a las 01:00 para empezar a hacer el desayuno. Eso sorprendió a los otros guerrilleros quienes me decían: “Huy hermano, ¿a la una de la mañana?, ¿a esa hora se va a levantar sólo para hacer ese desayunito?”. Lo que iba a preparar era arroz, lentejas y chocolate. Los guerrilleros todos sorprendidos en serio unos y otros mamando gallo continuaban con el mismo tema, molestándome por la hora de la levantada: “Huy hermano…, ¿a la una?, ¿y para no más de hacer un chocolatico con arroz?”. Pero yo si pensaba que ranchar era muy difícil. Así que, total, me levanté en medio de tremendo aguacero a prender el fogón, y lo que me encuentro es que ahí en el sitio de prenderlo lo que había era agua y que la leña se había mojado todavía más.

 
 

Yo no sabía prender un fogón y mucho menos en un sitio todo encharcada y la leña mojada. Pasaba el tiempo y yo nada que podía hacer candela; lo que sentía era que yo no servía para una mierda. Estaba en esas cuando llegó una guerrillera...

 

- J. S. ¿Ella se levanto a ayudarte?

 

- S. A. No, no, a ella le tocaba el quinto turno de guardia, de 02:00 a 04:00 de la mañana, y pasó por ahí y me dijo: “¿usted a qué horas se levantó?”. Le dije que a la una. Imagínate, ya eran las dos de la madrugada. Entonces me miró haciéndome una mueca de reproche diciéndome: ¿y no ha prendido ni el fogón todavía?... no, no, no, usted está en nada...”

 

- J. S. ¿Ella sabía que tú eras “peto”?

 

 

- S. A. Claro, ella sabía, y pasó por la rancha fue a pedir tinto...; y yo con esa vergüenza hermano. Entonces ella fue y recibió la guardia como relevante y volvió al ratico, como a los veinte minutos, -yo seguía tratando de prender el fogón, todo lloroso por el humo- y me dijo: “¿sabe qué?, le voy a conseguir una vela, yo tengo velas en el equipo; le voy a traer una”. Yo había ya gastado una vela que el ecónomo me había dado precisamente para la prendida del fogón. Sin embargo, no le dije nada, así que se fue por la vela, regresó y me dijo entregándome la vela: “tenga, préndalo con esto”. Seguí intentando, pero nada, no di p’a prenderlo. Cuando faltaban como cuarenta minutos para que ella entregara el puesto al siguiente guerrillero en turno me dijo: “¿sabe qué?, deje esa vaina así que yo voy a entregar la guardia y le ayudo”. Claro, cuando regresó me ayudó a rajar la leña, a cortarla y dejarla amontonada. Luego buscó unos palos que ya tenía vistos por ahí y me dijo: “estos palos córtelos por la mitad, haga unos trocitos pequeñitos y póngalos debajo de la carpa esa”. Bueno, eso hice, un poco más tranquilo porque antes estaba ofuscado y apenado. Ella a cada ratico me decía: “pilas, ranchero colgador, que el guardia tiene frío y quiere tomar café caliente”. Y yo con esa vergüenza tan grande. Cuando vio que definitivamente yo no pude, cogió ella misma la vela, la leña, todo..., y me enseñó hermano. Pues claro, resulta que yo quería prender esa vaina en el suelo húmedo y eso así sí es imposible. Ella tomó los palos que yo rajé y los colocó en el suelo mojado; o sea que cubrió el piso con ellos..., hizo un pisito de leña y encima de él fue que prendió el fogón. !No joda, tan sencillo y a mi no se me ocurrió! Ahí sí, eso hizo candela rápido. Ya eran como las cuatro y treinta, entonces puso a hervir agua, le echó las panelas que me habían dado para que hiciera el café y el chocolate y cuando hirvió el agua e’panela la dividió en dos ollas, en una echó café y en la otra el chocolate y rápido, muy rápido, los dejó listos. Cuando los guerrilleros se levantaron y pasaron a tomar el tinto ya casi estaban las lentejas, y el arroz ya estaba sobre las brazas acabándose de secar. Naturalmente que yo estaba todo sorprendido y le dije: “¡Huy, pero usted hace las cosas como haciendo magia!”

 

- De lo Ideal a lo Real:

- J. S. Tuviste tus experiencias como primiparo; llegas y comienzas a ver el mundo real, lo que verdaderamente es la cotidianidad de la guerrilla en la práctica; ¿qué diferencias encuentras entre lo que tú creías que era la guerrilla y la realidad que ves?

 

- S. A. Yo pensaba que la guerrilla era para estar peleando permanentemente, o que el ejército lo mantenía a uno perseguido, pero ni una cosa ni la otra. Ni a diario la guerrilla está peleando, ni a diario el ejército está buscando a la guerrilla; o mejor dicho, de pronto pues si había un asedio general constante del ejército, pero por la misma dinámica y táctica que reviste la guerra de guerrillas, donde hay cierto control de áreas y de masas, es muy difícil que el enemigo pueda estar constantemente sobre nosotros, no le es fácil al ejército tenernos ubicados con precisión en un lugar específico, determinado, todo el tiempo.

 

 

 

Otra cosa tiene que ver con el trato que los guerrilleros se dan entre si. Me imaginaba que no había ningún tipo de discordia entre ellos; y eso me lo imaginé al ver el trato tan especial que siempre tienen los combatientes con la población. Resulta entonces que, si bien hay fraternidad, en medio de ella hay discusiones, críticas fuertes, etc.

 

Otras cosas coincidían con la idea que traía de la vida civil, pero la realidad siempre desborda lo que uno se imagina, como por ejemplo lo dura que es la vida guerrillera y los sacrificios que hay que hacer.

 
 

Otros aspectos me eran totalmente extraños: yo no me imaginaba cómo se dormía en la guerrilla..., que la utilización de la hamaca, que el toldillo, que la carpa de techo..., cosas que lo acondicionan a uno para la vida aquí en el monte y eso le sirve a uno para toda la vida; eso lo va a uno curtiendo y acondicionando para el rigor de esta vida, para la lucha.

 

Fíjate, el mismo día aquel en que me tocó ranchar por primera vez, conocí a Ricardo -¿recuerdas?, ya te hablé de él-; bueno, el camarada Ricardo mandó a formar a todos los guerrilleros que estábamos ahí, a los nuevos ingresos y a los antiguos, y como estábamos revueltos en las dos escuadras nos clasificó: los “petos” adelante y los otros atrás, e inmediatamente dio voces de mando con tono fuerte: “¡atención..., fir!, ¡a discreción!”; y lo hacía de una manera enérgica, parecía como si estuviera dando las voces de mando con enojo, pero no era eso, sino que su estilo era así, era muy enfático; lo ponía a uno a temblar, y de esa manera comenzó a hablarnos: “ustedes se han definido por el camino de la guerrilla...”; luego nos habló de los problemas del país y nos dijo finalmente: “todo aquel que ha decidido dar este paso, el de convertirse en miembro de las filas de las FARC, debe tener en cuenta que es hasta la muerte”. Eso lo decía de una manera tajante que lo ponía a uno expectante, como en inquietud, a pensar realmente si la decisión tomada era o no por convencimiento; y al mismo tiempo como impresionado, como con una electricidad en todo el cuerpo. Yo estaba un poco nervioso por toda la novedad del asunto, por que de pronto no fuera a dar la talla, etc. Luego dijo: “bueno, entonces, hasta hoy cualquiera que recuerde el agua e’panelita de la casa, tiene la posibilidad de regresarse; el que no se sienta capaz, el que sienta que no tiene las condiciones que exige la lucha revolucionaria en la guerrilla de un paso al frente!”. Y se movía p’a lado y lado, mirándonos a todos uno por uno en la formación. De verdad que se sentía que ese era un momento en el que había que tomar una determinación en serio, muy en serio. Entonces hubo un compañero que dio el paso al frente -se llamaba Omar, yo estaba al lado de ese muchacho y, entre otras cosas, aún desarmado. Entonces Ricardo peguntó en el acto: “¿quién otro? Si de todos los que hay aquí no se va ningún otro, mejor. ¿Ya los demás lo pensaron bien?, pónganse firmes si lo pensaron bien”. Todos los de la escuadra de “petos” zapateamos colocándonos firmes. El dio la vuelta y nuevamente preguntó: “¿no hay más nadie?”, y me miró a los ojos. Yo era el más joven y seguro que por eso me preguntó: “¿usted qué, sigue o no sigue?”, y de inmediato le respondí que sí; “yo sigo”, le dije. Pero después que dije yo sigo, entonces caí en cuenta que la había embarrado porque no dije “yo sigo camarada”. Así debí haber respondido por cortesía, según nos habían explicado desde el principio; pero ya para que, cuando hice mi reflexión era tarde, le había contestado de una manera no adecuada a mi superior. Eso fue producto seguramente del susto mismo que yo tenía.

Afortunadamente el camarada Ricardo esto lo pasó por alto, y yo, enredado en mi inexperiencia, ya estaba pensando era en el almuerzo que debía hacer. Así que además de asustado estaba preocupado: “! no joda, ¿y el almuerzo?, pensaba! Quien sabe a qué horas irá a estar”. “No joda -me decía a mi mismo- y con este camarada que se ve que es tan drástico. ¿Qué me irá a decir si sale tarde el almuerzo?”

 

Pero que va..., todo transcurrió en calma; me dijo: “salga de la formación y recíbale la escopeta al compañero que se va”, y enseguida hizo una arenga larga felicitando la determinación de los que nos quedábamos y en el mismo contexto le preguntó al muchacho que se iba qué hacía, que en qué trabajaba antes del ingreso, y el muchacho le contestó que era ordeñador y que por ahí boleaba machete al contrato. Entonces Ricardo, que ya sabía eso de antemano, le dijo que bien, que era mejor que tomara su decisión con calma, que siguiera pensando y que las filas de las FARC estaban abiertas para cuando tomara la decisión de romper con la explotación y vincularse a la lucha...

 
 

Al muchacho, finalmente, le dieron algunos víveres, los pasajes y dos acompañante para que lo llevaran de regreso para donde su familia que era de por ahí cerca, gente conocida, apoyos de la guerrilla.

A mi me entregaron la escopeta que portaba Omar -así se llamaba el muchacho que no continuó en filas-; era una “16” de un sólo tiro. En esos tiempos armas de esa clase eran las que más abundaban. De igual manera los fusiles perilla y otras armas que habían sido recuperadas a la policía en combates, como carabinas M-1, pero que eran muy pocas y fundamentalmente las portaban los mandos y los muchachos de más experiencia. En ese entonces los guerrilleros que andaban en esa zona no tenían fusiles automáticos ni armas como las que cargamos ahora. El ejército si cargaba fusiles G-3. Precisamente en esos días se recupero un fusil de esos.

 
 

Pero volviendo un poco atrás en el relato, ese día, después que Ricardo retiró la gente de la formación, hubo un acto de muy bonito, como de mucha trascendencia para los que éramos recién llegados: los camaradas más antiguos, a los que habíamos dicho que seguíamos, nos abrazaron, nos dieron la mano, nos desearon suerte y comenzaron a tratarnos más en confianza. Eso si, en menos de una hora ya estábamos con el equipo al hombro, listos para emprender la marcha hacia Cundinamarca. Mejor dicho, eso pasamos de un lugar a otro rapidito; yo por ejemplo, ingresé en Santander y cuando se nos preguntó que si nos devolvíamos para la casa o si seguíamos en la guerrilla, estábamos ya en una región de Boyacá...; de ahí salimos para Cundinamarca a una unidad de orden público, o sea a una unidad de combate que tenía sus propios espacios para la formación de los nuevos.

 

 

 

- J. S. Tú me hablas del ingreso en Santander, después pasas a Boyacá y luego a Cundinamarca. ¿Ustedes no tenían un estacionamiento fijo, no tenían un campamento central de concentración; en todo momento la movilidad era así, constante?

 

 

 

- S. A. La verdad es que en el lugar donde me tocó ranchar por vez primera duramos como ocho días y medio estacionados mientras nos daban nuestra dotación: hamaca, carpa, equipo..., etc. Inmediatamente después que nos entregaron esos implementos a todos, salimos completamente móviles por las montañas de Boyacá y Santander.

 

 

 

- Los Partos de las FARC:

 
 

- J. S. Cuántos Frentes guerrilleros integran en ese momento las FARC?

 

 

 

- S. A. En ese momento las FARC tenían siete Frentes. El Primero era el que algunos denominaban el “Frente de la Agricultura” que era, pues, donde se cultivaba. Eso quedaba por allá entre El Pato y Guayabero, pero con territorio fundamentalmente en El Pato.

 
 

El Segundo Frente operaba por el Huila. El Tercero operaba por el Caquetá. El Cuarto estaba ubicado por el Magdalena Medio fundamentalmente. El Quinto en Urabá. El Sexto en el Valle y Cauca y el Séptimo operaba en el Meta, en los Llanos Orientales.

 

 

 

- J. S. ¿Tú estabas en el Cuarto Frente?

 

 

 

- S. A. Yo estaba en el Cuarto Frente, correcto.

 

 

 

- J. S. ¿Cuántos años permaneciste allí?

 

 

 

- S. A. Permanecí exactamente siete años.

 

 

 

- J. S. ¿Cuáles son los hitos más importantes de tu vida guerrillera durante tu permanencia en el Cuarto Frente?

 

 

 

- S. A. Primero que todo, en ese tiempo, como ingresé tan joven a la guerrilla, fui pasando por la metamorfosis que viven muchos guerrilleros cuando llegan a filas; primero llegué muy tímido, de pronto influido por la crianza que me habían dado mis padres. Posteriormente, cuando adquirí un poquito de confianza en la Organización, entonces, sinceramente lo que vino fue que me convertí en un guerrillero indisciplinado. En esa condición duré por un espacio de unos cuatro años, durante los cuales muchos compañeros que habían ingresado posteriormente a mí se fueron convirtiendo en mandos; y aunque yo cumplía ya el requisito de tener dos años en filas para ser comandante, yo no pasaba de ranchar y prestar el servicio de la guardia.

 
 

Definitivamente Ricardo fue uno de los que más me hizo caer en cuenta de que yo realmente estaba desperdiciándome. Hubo un momento en que él mismo me hizo estrellar con algunas realidades, me hizo ver el problema grave de indisciplina que me estaba afectando; me lo fue haciendo ver de manera práctica, como escarmentándome para hacerme reflexionar. Por ejemplo, recuerdo una anécdota: una vez estábamos en una unidad con él y yo me estaba portando pésimo. Entonces sucedió que en esos días hubo una “reunión de célula”, y entre las propuestas de los guerrilleros para conformar la dirección del organismo político estaba mi nombre y el de Pastor Alape, actualmente integrante del Secretariado de las FARC. Nos postularon en una misma plancha, y el primero que se opuso fue Ricardo. No permitió que fuéramos secretarios de la célula porque, según él, no reuníamos los méritos para ejercer esa responsabilidad.

 
 

Cosas como esa me fueron estrellando. Luego vinieron las charlas personales que Ricardo fue teniendo conmigo alrededor del tema. Anteriormente las había tenido, pero yo no les había prestado atención, hasta que poco a poco fui recapacitando y cayendo en cuenta de que realmente aquí en la guerrilla uno tiene que asumir una buena conducta para poder ayudar a echar hacia adelante el proceso. Entonces me propuse cambiar. El mismo Ricardo, más tarde, fue quien me dio la primera oportunidad de ejercer funciones de mando, y eso me colocó en el compromiso de ir cambiando totalmente mi comportamiento y me condujo a asumir una conducta madura, responsable, que me sirvió de mucho, al punto que cuando se realizó la Séptima Conferencia Nacional de Guerrilleros de las FARC fui uno de los delegados del Cuarto Frente postulado por todos los guerrilleros quienes, además, me propusieron para ser Comandante de Escuadra. La Conferencia me otorgó ese grado militar, eso fue en 1.982, y desde entonces seguí en la misma tónica de buen comportamiento y volví al Frente ejercer como mando medio en diferentes responsabilidades. Estuve en misiones organizativas y de combate. Eso se da en 1.983, porque en 1.982 estuve en un trabajo de penetración en la serranía de Perijá y en un curso de cadetes en el Secretariado que fue dictado por nuestro Comandante en Jefe Manuel Marulanda Vélez.

 
 
 

En 1.984 se realizó otro desdoblamiento del Cuarto Frente para conformar el Frente 24, esto en concreción de unas tareas que había dejado la Séptima Conferencia. Entonces a mí me colocaron como tercero al mando del nuevo Frente.

 

 

 

- J. S. Entonces, se podría decir que éste proceso que se produce en ti, el del tránsito de ser un guerrillero indisciplinado a ser un guerrillero que comienza a jugar su papel dirigente, sería el acontecimiento de mayor trascendencia en tu vida, en ese período.

 

 

 

- S. A. Sí, porque es que antes de éste tránsito yo sí cumplía tareas del movimiento, eran tareas importantes también, porque aquí en la guerrilla cualquier tarea por elemental que sea se valora mucho, pero es que después de eso yo comencé a realizar fue tareas de mayor alcance, de mayor calibre. Dentro de esas, por ejemplo, me tocó reemplazar a Tomás Lince -después de la Séptima Conferencia- en el trabajo de crear condiciones para extender la guerrilla hacia la serranía de Perijá. En eso, inicialmente, estuvo Tomás. Luego el fue trasladado a otra misión; Tomás estuvo en Valledupar, en Chiriguaná, Codazzi..., y otras poblaciones menores. Posteriormente llegué yo a recibirle ese trabajo unos días después de la Séptima Conferencia.

 

 

 

- J. S. ¿Tienes algún balance de ese período?

 

 

 

- S. A. Un balance…, sí. Quizás una valoración particular más bien. Uno se pone hoy a analizar ese trabajo inicialmente incipiente de aquella época, al ver que ya opera ampliamente la guerrilla, pues uno nota que toda labor hecha con esmero tiene sus frutos; para éste caso son el producto de una tarea ardua que se hizo entre 1.982 y 1.983 que hoy muestra resultados de gran importancia para el avance del proceso insurreccional en general. De aquello se derivarán nuevos desdoblamientos, crecimiento desarrollo.

 

 

 

- J. S. Tú manifiestas que cuando ingresaste existían siete Frentes. Hoy las FARC-EP cuentan con varias decenas de Frentes, con Bloques y otras estructuras. Tú haz hecho parte de la organización durante desde que las FARC tenía siete Frentes. ¿Cómo opera el fenómeno de surgimiento de los Frentes?

 

 

 

- S. A. Bueno, es el año de 1.979 cuando yo me voy dando cuenta de cómo opera la cosa; eso porque en la práctica comenzamos a vivir el fenómeno en el Cuarto Frente. En ese tiempo suceden varios hechos que cambiarían la dimensión y características de la guerrilla en el Magdalena Medio. Dentro de esas, la muerte del camarada Franco en un absurdo accidente con una granada que al parecer había sido preparada por el enemigo. Eso no está muy claro pero sí, de todas maneras, hay una firme sospecha de que el ejército tuvo que ver con el hecho. La muerte del camarada Franco se da en un momento en que están reunidos todos los mandos de mayor jerarquía del Cuarto Frente, que para entonces eran muchos. El Estado Mayor y los mandos medios de mayor jerarquía se congregaron para sacar los Estados Mayores de los Frentes que se iban a sacar del desdoblamiento del Cuarto Frente.

 
 

A pesar de haber fallecido Franco se adelantó el desdoblamiento, que es un proceso en el que efectivamente se divide el número de unidades y mandos, atendiendo a un plan de penetración, control de áreas..., crecimiento y desarrollo cuantitativo y cualitativo en general. De tal manera que la división sólo se da como procedimiento multiplicante; ella se produce cuando un Frente o grupo de Frentes han crecido y generado condiciones de desarrollo interno como para poder “parir” una nueva estructura o estructuras, que a su tiempo volverán a hacer lo mismo.

 
 

Con la muerte de Franco el camarada Mario Gómez, quien era el segundo al mando, continúa la reunión para concretar las orientaciones del Secretariado Nacional de las FARC. Digo esto porque es que las decisiones de éste tipo se dan es con el visto bueno de la Dirección Nacional de la Organización.

 
 

De aquella reunión sale la constitución de los Frentes Noveno, Once y Doce. En el caso del Décimo, el Secretariado había definido constituirlo en Arauca; allá había que crear condiciones materiales y humanas para lo cual destacaron unidades de varios Frentes, entre las que se incluyeron también algunas del cuarto Frente.

 
 

Por otro lado, el Octavo frente había surgido del desdoblamiento del Sexto frente. Y los Frentes Trece, Catorce y Quince salen del Tercero. Del Séptimo salió el Frente 16.

 
 

Todo esto se hizo antes de 1.982. Cuando se produce la Séptima Conferencia, a ella llegamos con 16 frentes y lógicamente que quienes estábamos dentro de la Organización notamos un gran avance, pues particularmente yo había ingresado habiendo siete Frentes, y llegar a 16 era bastante, y claro, algo muy satisfactorio.

 
 

Entonces, insisto en que el pasar de 7 a 16 Frentes no es un simple procedimiento de división del grueso guerrillero; el fenómeno sí implica una material división, pero a partir de una situación de desarrollo en la que se reparten unidades, mandos y áreas, etc. tanto de dominio existente como de penetración pendiente, con un propósito multiplicador. De tal manera que cuando se procedía a un desdoblamiento, eso obedecía a que fundamentalmente se habían dado condiciones que habían sido creadas en la medida en que los Frentes venían dando cumplimiento a sus planes de trabajo. Ahí iban saliendo nuevos cuadros dirigentes que -en la medida en que un Frente tenía un área muy grande bajo su influencia o dominio- se hacían responsables del trabajo en esas áreas. Por ejemplo, el Cuarto Frente, en ese entonces, operaba por Santander y, siendo este un departamento grande, tenía una columna ubicada en el Opón, tenía otra que operaba en Antioquia, por los lados de Puerto Berrío, Yondó, Remedios, Segovia, Yolombó, etc. Había otra compañía que operaba en Cundinamarca y otra que operaba en Boyacá. Otra lo hacía entre Caldas, Norte del Tolima y parte de Antioquia. Entonces esa disposición por áreas se tomó como base para que los mandos que estaban encargadas de dichas áreas y trabajos se colocaran en las direcciones de los nuevos Frentes guerrilleros. Por ejemplo, Mario Gómez, que estaba en la unidad que andaba por Caldas fue promovido como comandante del nuevo Frente, por aquellos tiempos. Alonso Cortez, que era el comandante de la columna del Opón, pasó a ser el comandante del Doce Frente. Esteban, que era el comandante de las unidades que estaban por Santander y Boyacá, se convirtió en el comandante del Once Frente. Y Ricardo, que era el comandante de la unidad que estaba en Antioquia, específicamente, quedó como comandante del Cuarto Frente, al cual le asignaron nuevamente Antioquia como área de operaciones.

 
 

El camarada Franco ya había muerto, pero por la confusión de la que te hablé, siempre se decía que había muerto Ricardo Franco, siendo dos personas diferentes. El viejo Franco se había cambiado el nombre por el de Salvador, y al momento de su muerte tenía otro nombre, el de Alfonso. Él se había cambiado el nombre para penetrar esa zona de Antioquia en la que estábamos. A pesar de aquello, a él le siguieron conociendo con el nombre de Franco, y se siguió confundiendo su nombre y su persona con el nombre y la persona de Ricardo. Por ello, este se cambió el nombre también, se puso elm nombre Tabares.

 

 

 

- J. S. ¿Tú me estás hablando de que época; cuándo muere Franco exactamente?

 

 

 

- S. A. Te estoy hablando de 1.979. Él muere en ese año, a finales de noviembre.

 
 

Te aclaro algo más con respecto a los desdoblamientos. Estos no son un acto mecánico. El proceso que se produce, en algunos casos genera ciertos traumas. Específicamente en el caso del Cuarto Frente, el cual era muy grande, acostumbrado a realizar acciones militares también grandes y a pelear por lo menos 3 ó 4 veces al año, se dio una disminución de su capacidad operativa. La última acción del Cuarto Frentes, antes del desdoblamiento, fue el 2 de octubre de 1.979. Se hizo una emboscada en San Juán de Bedout, cerca a Puerto Berrío; ahí se recuperaron 6 fusiles G-3 y una carabina M-1 y se le hicieron varias bajas al enemigo. De ahí en adelante tuvimos una especie de estancamiento y sólo volvimos a pelear en el año de 1.983, cuando el Frente se restablece y da inicio a un nuevo ciclo que más tarde permitiría la realización de nuevos desdoblamientos.

 

 

 

Espere la segunda parte de este relato. CRB-VR.

 

* Integrantes del Estado Mayor Central de las FARC-EP

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